domingo, 12 de abril de 2015
martes, 7 de abril de 2015
Un futuro tecnológico entre interrogantes
Como muchas cosas en esta vida, si algo es bueno o malo,
depende del uso que se le dé por nuestra parte. Un cuchillo puede ser
maravilloso si lo utilizamos para trocear la comida y hacernos más sencillo el
comer, sin embargo puede ser horrendo si se utiliza para herir a otra persona.
Es el mismo caso que la tecnología, pero
a una escala mayor y globalizada.
La tecnología en el
ámbito médico ha permitido avances muy importantes en la mejora de los
tratamientos oncológicos o en la observación y el progreso en la cura de
enfermedades raras, degenerativas, crónicas, etc… Esto es lo plausible y alabable
de la tecnología y de las personas que se dedican a ella, la intención de
facilitar y hacer más próspera la vida humana. La otra cara de esta moneda
tecnológica, en el plano bélico por ejemplo, son las bombas atómicas, el
arsenal nuclear, y demás artilugios militares que no están precisamente
pensados para favorecer la vida humana en la Tierra; sólo conjugan dañar y
destruir.
Ahondando en el tema de la velocidad vertiginosa que ha
tomado la tecnología de 50 años a esta parte, de sus avances imparables y de su
centralidad en las sociedades occidentales actuales (los niños ya no vienen con
un pan bajo el brazo, sino con una Tablet); se abre una ventana intrépida e
imaginativa llena de especulaciones y elucubraciones de cómo podrá ser el
devenir de una sociedad en la que el empuje de la tecnología es de tal
magnitud.
¿Será una sociedad en la que el uso ¨bondadoso¨ de la
tecnología se imponga al más contraproducente de la misma?¿El hombre dominará a
la tecnología o por el contario la tecnología controlará al hombre?¿La
tecnología será un elemento de dominación o de prosperidad para la humanidad?¿Habrá
guerras con arsenal nuclear?¿Humanos contra robots por la hegemonía de la
Tierra? Ante este tipo de cuestiones futuristas, las cuales soy incapaz de
responder con algo de certeza, únicamente espero que alguna mente brillante y
visionaria similar a la del maestro adelantado, George Orwell, sea tan intrépido
de arrojar algo de luz a estas cuestiones y vislumbrar mínimamente la civilización del futuro.
lunes, 6 de abril de 2015
El ermitaño digital
Hace no mucho tiempo, leí la historia de un hombre que se comprometió a
vivir un año entero sin conexión a Internet con todas las consecuencias que
ello implicaba porque, según el mismo creía, la red lo desconectaba de la
realidad del mundo. Una vez más, este tipo de historias me invitan a
reflexionar y, consciente de que es el último artículo que voy a publicar en
este blog, decidí hacer una reflexión acerca de las nuevas tecnologías, en el
más amplio de los sentidos.
A mí misma me cuesta imaginar un mundo donde las nuevas tecnologías no
estén presentes, me cuesta imaginar un siglo XXI sin televisión, sin cine en
tres dimensiones, sin ordenadores, sin Internet. Pero lo cierto es que estoy
convencida que no soy la única persona de este planeta que piensa algo
parecido. Ahondando más en mi imaginación y en mis pensamientos, imaginé a una
persona que usase hasta tal extremo las posibilidades que ofrecen las nuevas
tecnologías que viven junto con nosotros que se convirtiese en un ermitaño digital.
Imagino que ese ermitaño solo
necesitaría un teléfono móvil al lado de su cama cuando fuese a dormir, para
estar seguro que el mismo le despertaría
a la hora que desease a la mañana
siguiente. Una vez despierto, mientras desayuna, seguiría siendo solo necesario
el teléfono móvil para leer el periódico en versión digital o, si quiere ser
más rápido, entrar en Twitter y leer fugazmente los titulares. También podría
consultar el periódico en edición impresa sin siquiera salir de casa para
comprarlo, tan solo con adquirir la versión para la tablet u otro dispositivo móvil
podría disponer de ella, además, las hojas del periódico no se le mancharían
con las gotas del café matutino. Si nuestro ermitaño es perezoso y no quiere
leer, no hay problema, con presionar el botón de encendido de la televisión y
volver a presionar para poner el canal de noticias de 24 horas, se entera de
las mismas noticias. Incluso puede encender la radio. ¿No es ideal? ¡El
ermitaño está en el mundo sin siquiera salir de casa!
Pero no lo son todo las noticias, el
ermitaño también tiene que alimentarse y
abastecerse cuando se le acaben los alimentos. No, no hace falta salir de casa.
Con solo meterse en Internet en la página de su supermercado favorito, puede
hacer la compra, pagar y, ¡encima se lo llevan a casa!
También puede realizar
transacciones bancarias por Internet, ponerse en contacto con diversas
personas, tener amigos en Hawái si desease, incluso viajar, solo basta con ver
fotos en Internet o poner algún canal absurdo de viajes, y ya está. El ermitaño
podría leer si quisiese sin ir a la biblioteca, e ir al cine si desea ser un
pirata virtual porque, las nuevas tecnologías también se lo ofrecen y las
posibilidades están por encima de la ética.
El ermitaño no necesitaría salir de
casa para conocer personas, ni para ligar, de hecho, existen tal cantidad de
páginas donde puedes tener citas, que podría lisonjear con distintas personas a
la vez. ¿No es el ermitaño el rey de este mundo?
Nuestro querido ermitaño, puede
pasar un día entero (y años) encerrado
en casa y hacer las mismas acciones que se hacen en la calle, en el mundo, pero
él las hace desde su hogar y si quisiera en pijama. Cuando se va a acostar, no
necesita nada más que el teléfono móvil al lado de su cama para estar seguro
que el mismo le despertará. Y comienza de nuevo. El ermitaño digital se ha
convertido en el gran monje de la ermita de las tecnologías.

Las nuevas tecnologías nos
facilitan los procesos diarios y nos sirven de ayuda en muchas ocasiones, de entretención,
de ventana para escapar de la realidad mundana. Pero yo sigo pensando que hay
que adaptar los cambios a la vida que ha existido desde que el hombre es
hombre. La vida que nos toca vivir en estos tiempos es una realidad rodeada de
tecnologías, pero también es una vida alejada de ellas. La clave del éxito en esta
nueva realidad es seguir saliendo a la calle y viviendo experiencias y ayudarte
de las nuevas tecnologías cuando es preciso. No quiero que el mundo termine
siendo un hábitat de ermitaños digitales y que las personas que viven
compaginando la realidad con las tecnologías sea una especie en peligro de extinción.
Ana Rodríguez
domingo, 5 de abril de 2015
Adiós pentagramas, hola ordenadores
Nos guste o no, hay que reconocer que uno de los mundos donde más influencia ha tenido el desarrollo tecnológico, es el mundo de la música. Evidentemente, sigue existiendo música convencional (tocada con instrumentos, siguiendo unas notas determinadas...) de gran éxito, poniendo como ejemplos grupos como RHCP, Nirvana.., incluso en estos grupos vemos influencia tecnológica (guitarras eléctricas, teclados...).

Así, y por mucho que algunos le achaquen a este tipo de música escasa calidad musical, actualemente, los grandes festivales que más dinero y público atraen son los que ofrecen la llamada música electrónica. Vemos como festivales como Tomorrowland (Bélgica) o Ultra live (Miami). Atraen a cada vez más personas, aunque, los precios sigan subiendo.
Por supuesto, hay que admitir que el éxito de estos festivales viene dado, en parte, por su aire festivo y muchas veces la música que ofrecen no es el mayor motivo por el que se asiste, sin embargo, está claro también que en el mercado actual esta es la música que más vende y vemos como bandas como Linkin Park, han ido evolucionando para adaptarse al mercado, pasando de ser, en sus inicios, una banda de rock heavy, a ofrecer, actualmente, un estilo que podría llamarse pop electrónico.
A mi, por suerte, me gustan practicamente todos los estilos de música y, la verdad, es que, últimamente, sí estoy bastante enganchado a la música electrónica. Así, soy partidario del desarrollo de este estilo de música mientras no hunda otros estilos que sería una pena perder.
Así, y por mucho que algunos le achaquen a este tipo de música escasa calidad musical, actualemente, los grandes festivales que más dinero y público atraen son los que ofrecen la llamada música electrónica. Vemos como festivales como Tomorrowland (Bélgica) o Ultra live (Miami). Atraen a cada vez más personas, aunque, los precios sigan subiendo.
Por supuesto, hay que admitir que el éxito de estos festivales viene dado, en parte, por su aire festivo y muchas veces la música que ofrecen no es el mayor motivo por el que se asiste, sin embargo, está claro también que en el mercado actual esta es la música que más vende y vemos como bandas como Linkin Park, han ido evolucionando para adaptarse al mercado, pasando de ser, en sus inicios, una banda de rock heavy, a ofrecer, actualmente, un estilo que podría llamarse pop electrónico.
A mi, por suerte, me gustan practicamente todos los estilos de música y, la verdad, es que, últimamente, sí estoy bastante enganchado a la música electrónica. Así, soy partidario del desarrollo de este estilo de música mientras no hunda otros estilos que sería una pena perder.
40 años de vértigo
Hace unos 40 años, un tal Martin Cooper parecía empeñarse en
que los teléfonos fueran tan pequeños como para ser portátiles. De Chicago, pero de modesta familia de
inmigrantes ucranianos, Cooper desarrollaba en 1973 el primer prototipo de teléfono
móvil para Motorola. El DynaTAC pesaba casi un kilogramo (que se redujo a la
mitad al salir a la venta), tenía una batería de 35 minutos de duración y un precio de unos
2.900 euros. El propio Cooper admitió que no fue tarea fácil y que llevó mucho
tiempo. De hecho su invento no empezó a generar ingresos a la compañía hasta
pasados tres años, en los que muchos quisieron abandonar la investigación. La
visión a largo plazo de este ingeniero, le permitió ser el artífice de la
primero llamada desde un móvil en la historia, que usó para anunciar a su mayor
competidor en el sector que su proyecto ya era real.

Del único usuario en el mundo a los 3.600 millones con teléfono
móvil en la actualidad, la mitad de la población mundial, o a los 4.600 millones
a los que las últimas estadísticas prevén que se extenderá. Nadie en su sano
juicio habría imaginado por aquel 3 de abril de 1975, que 40 años después la
industria del móvil generaría tres billones de dólares a la economía mundial,
casi un 4% del PIB mundial.
jueves, 2 de abril de 2015
Sobresaliente en TIC
Uno de los espacios en los que más se
nota cualquier avance, ya sea porque te va a tocar estudiarlo o
porque hasta le puedes sacar partido, es en la educación. Las TIC,
cómo no, también han acabado desarrollando su lado educativo,
convirtiéndose en una grandísima ayuda tanto para los que enseñan
como para los aprendemos.
Si hablamos del uso de tecnologías en
la universidad lo primero que se nos viene a la cabeza es cómo
prácticamente en todas las clases se trabaja a partir de
presentaciones (aunque algunas de reciente tienen poco), o cómo cada
vez más profesores se manejan a través de plataformas digitales
para hablar con sus alumnos, colgar apuntes, mandarles trabajos...
Desde luego más de una vez no nos ha alegrado tanto eso de que ni un
fin de semana podamos estar totalmente desconectados de clase.
Sin embargo, y aunque los alumnos desde
luego ya hemos incorporado las TIC a nuestras vidas, ¿las hemos
incorporado a esa parte de nuestra vida que es la universidad?
Casi es una pregunta retórica. Es
imposible entrar en una clase y no ver a alguien con ordenador,
tablet, lo que sea; y de hecho ahora prácticamente lo raro es tomar
los apuntes a mano. O usamos también presentaciones para hacer
nuestros trabajos, innovamos el formato para hacerlos (por ejemplo,
este trabajo en forma de blog), disponemos de más información y
medios para estudiar... y una última novedad para los universitarios
que no vemos día a día, y precisamente ahí está su gracia: la
universidad a distancia.
No es un fenómeno novísimo, de hecho
existe ya desde alrededor de los 90, aunque sí es reciente en España
su incorporación real a las universidades, siendo toda una referencia la UNED. La universidad a distancia, de eso sí no hay
duda, es inseparable de las TIC; y aunque para los estudiantes
presenciales no sea tan obvio, supone toda una revolución de
posibilidades en los estudios.
¿Cómo iba a poder antes una mujer de
40 años, madre de familia y con trabajo, sacarse por ejemplo la carrera de
Derecho? ¿O un hombre incapacitado con problemas de movilidad
desplazarse diariamente hasta la universidad y soportar el lío
diario de cada jornada de clases? ¿O un estudiante sin recursos que
necesita trabajar para pagarse los estudios, compaginarlos con eso y
con simplemente tener vida y dormir? Y mil casos más a los que se les ha abierto el horizonte
con las nuevas posibilidades que ofrecen las TIC, precisamente por
permitir romper con lo presencial e incluso con lo temporal.
Esta es sólo otra de las aplicaciones
de las TIC que agrada ir descubriendo, cómo pueden realmente mejorar
la vida de personas tan cercanas a nosotros que a lo mejor están
estudiando esta misma carrera ahora mismo, pero no tienen la suerte
de que sea la única ocupación a la que dedicarse.
Para acabar con algo tecnológico y
académico, ahí va un enlace sobre una charla de las TIC y la
universidad a distancia frente a la presencial:
http://ddd.uab.cat/pub/educar/0211819Xn28/0211819Xn28p83.pdf
lunes, 30 de marzo de 2015
El impacto de la televisión
Entre
la gran variedad de avances en las nuevas tecnologías uno de los más destacados
y más usado diariamente es la televisión. A través de este aparato podemos ver
las noticias, deporte, películas, programas de entretenimiento, anuncios,
documentales…
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Al
tener gran variedad, tanto de programas como de canales, la televisión se ha
convertido en uno de los electrodomésticos más utilizados, pues sirve para el entretenimiento,
no solo para los niños o jóvenes, sino también para las personas mayores, como
mi abuela, que ella se programa la visualización
de lo que quiere ver en cada momento. Primero, dice que al medio día se ve La ruleta de la suerte, luego a la hora
de comer ve las noticias y después para dormirse la siesta se ve Cifras y letras. Cuando se despierta,
que da la casualidad que es cuando empieza su novela, bueno una de ellas se la
ve entera. Después apaga la televisión y se pone a hacer cualquier cosa o
merienda algo, y cuando acaba vuelve a encenderla porque claro empieza Pasapalabra y cuando este concurso acaba
se vuelve a ver las noticias. Es un claro ejemplo del entretenimiento diario de
algunas personas, también hay gente que cuando tienen hijos, desde muy pequeños
les pone a ver los dibujos, para así tenerlos ocupados y ellos realizar
cualquier otra cosa, no digo que esto sea malo porque a todos nos lo han hecho,
pero ya se les enseña a depender de un aparato que poco a poco les cautiva y
dejan de hacer otras actividades.
Por
otro lado, hay personas que ven la televisión para estar al día de las noticias
más importantes que hayan ocurrido en ese día. Al igual que hay otras que lo
utilizan para ver concursos o documentales lo que permite que las personas
podamos dar un uso diferente según nuestro enfoque y necesidad del momento y
así cada uno se entretiene como lo
desea.
domingo, 29 de marzo de 2015
La obsolescencia programada: un mal de la tecnología actual
Probablemente la obsolescencia programada sea uno de los
principales motivos por los que las nuevas tecnologías han estado inmersas en
un frenesí constante de avance y evolución desde mitades del siglo XX hasta
nuestros días. Lejos de estar agradecidos
por los frutos de esta metodología sistémica, puesta en marcha en todas
las sociedades contemporáneas, deberíamos observar su lógica aplastante con
mayor perspectiva.
La obsolescencia programada o planificada como tal, es la
decisión, con un carácter premeditado, que toma un fabricante o una empresa de
establecer el fin de la vida útil del
producto. Por lo que tras un periodo de tiempo calculado de antemano, el
producto se torna en algo obsoleto e inservible.De aquí se extrae la lógica de la obsolescencia programada, en
definitiva otra de las aristas del capitalismo salvaje, que no es más que el
hecho de seguir girando con más fuerza una manivela diabólica controlada por
unos pocos, de hacer cada vez más grande la bola hasta que nos aplaste a todos.
Este es el modus operandi de la obsolescencia, generar necesidades cada vez más
estúpidas y las ansias de reponerlas con la mayor celeridad posible si estamos momentáneamente
carentes de ellas; y con los objetivos de que el sistema se lucre de la
sociedad y de alienar al hombre en detrimento de las necesidades materiales que
se le ofertan.
sábado, 28 de marzo de 2015
Mentiras en la red
De vez en cuando me gusta reflexionar acerca de diversos temas que nos
rodean y que cada vez están más presentes en nuestras vidas, para bien, o para
mal. El otro día, a propósito de estar buscando un tema para el que escribir mi
siguiente artículo y gracias a ver por casualidad una serie, me vino a la
cabeza un tema tan amplio que asusta: Internet. Quisiera reflexionar acerca del
uso que damos a esa maravillosa herramienta y, sobre todo, el que le dan otras
personas.
Es preciso, sin embargo, recordar que desde que se creó Internet ha
evolucionado tanto que ahora no concebimos la vida sin él. De hecho, estoy
bastante segura que las primeras palabras de cualquier niño que nazca en estas
décadas son “Papá”, “Mamá” e “Internet”. Yo misma, en muchas de mis
reflexiones, me pregunto qué sería de nosotros sin esta herramienta, cómo
buscaríamos información para nuestros trabajos, cómo facilitaríamos nuestros
procesos diarios y un largo etcétera de funciones que realizamos con su ayuda. Para mí, desde luego, es
ya una amiga íntima. Sin embargo, a pesar de que encuentro tan solo
connotaciones positivas acerca de Internet, no es todo tan bonito en su
superficie. Nos
fiamos demasiado rápido de las cosas que aparecen en nuestro buscador y no
sabemos quién puede estar detrás de ello.
Recuerdo que en MTV emitían una serie-documental de lo más apropiada en estos tiempos que corren
llamada “Catfish: Mentiras en la Red” y trataba, como su propio nombre indica,
de la investigación de mentiras que corrían por la red, de timos y estafas y de
cómo el equipo de investigación trataba de desmantelarlas obteniendo
normalmente resultados positivos. Recuerdo también, qué tipo de mentiras eran,
algunas incluso inocentes, mentiras que venían de manos de personas que
encontraban un gran placer en engañar a otras con el fin de no sentirse solas,
personas que fingían ser quienes no eran. Y se engañaba. Se engañaba al más
iluso.
Entonces, viendo algún episodio suelto de esa serie en la que nos invitaban
a tener más cuidado y ser más desconfiados sobre todo en la red, me acordé de
una anécdota que me habían contado hace algún tiempo. Una chica buscaba trabajo
y, como Internet es una gran plataforma donde todo se busca y todo se
encuentra, decidió recurrir a ella. Y encontró bastantes ofertas. Como en la red nada es seguro, mandó correos a diferentes agentes que requerían sus
servicios. Algunos de ellos contestaban y otros no. En particular, contestó una
persona aparentemente feliz de haber recibido su correo y con toda la
efusividad que mostró tener, le mandó de inmediato las condiciones y el
contrato (que resultó ser tremendamente bueno, ¡qué casualidad!) sin tener
ningún dato de la interesada y mucho menos lo necesario para cualquier oferta
de trabajo, un currículum. Evidentemente, conociendo todos los desafíos de Internet
y la incertidumbre de la misma, la chica no contestó e investigó acerca de la
personas que le ofrecía el contrato. ¡Bingo! Ese ofertante estaba incluido en
una lista de personas que estafaban en red.

(Fuente: www.farodevigo.es)
La moraleja de esta historia es doble, doblemente buena y doblemente mala.
Por un lado, a la chica que buscaba trabajo podían haberle engañado por haber
usado tan alegremente Internet y, por otro, usó tan alegremente Internet que
encontró que el sujeto que le ofrecía trabajo era un criminal de la red.
Por supuesto, mi reflexión final fue que debemos tener cuidado en cómo
usamos Internet, que claramente está establecida como una herramienta de ayuda,
pero que en muchas ocasiones algunas personas se disfrazan y se esconden tras
su pantalla engañando a personas que la usan de forma confiada para
obtener siempre un beneficio. Sin embargo, estoy segura que no solo a esa chica
ni a todos los que son víctimas en la serie de MTV les han engañado alguna vez en Internet, y
por ello, me pregunto, ¿es que somos demasiado confiados con lo que encontramos
en la red?
Internet ha ido creciendo hasta convertirse en un gigante incontrolable y
por ello, el único consejo válido es no fiarte ni de tu propia sombra virtual.
Ana Rodríguez
jueves, 26 de marzo de 2015
Cuidado con lo que subes!!
Como todos sabemos, las redes sociales (en el ámbito web) son lugares en Internet donde puedes interactuar con otras personas, mostrar tus inquietudes, debatir, subir fotos... en definitiva, mostrar cómo es tu vida al resto del mundo.
Actualmente, es innegable la importancia de las redes sociales en nuestras vidas, sobre todo para el colectivo de los jóvenes, y más, después del desarrollo de los smartphones. Estas webs nos permiten mantener el contacto con amigos que quizá estén lejos, conocer gente nueva, informarnos de la actualidad y ,por supuesto, ofrecen mucho, mucho entretenimiento.

Sin embargo, como todo, las redes sociales tienen también un lado negativo. Cada vez más, encontramos en las redes sociales, casos de acoso, burlas, discriminación... que muchas veces vienen dados por la aparición en la web de contenido sobre esa persona que sufrirá el acoso. Así, por ejemplo, tenemos el típico caso del novio/a despechado que sube una foto de su ex desnudo/a a facebook, sin, evidentemente, conocer las graves consecuencias que esto va a tener.
Por tanto, creo que para poder seguir disfrutando de nuestras queridas redes sociales, debemos pensar todo lo que escribamos y subamos, ya que, como se ha dicho muchas veces, una vez está en Internet, ya no nos pertenece.
Actualmente, es innegable la importancia de las redes sociales en nuestras vidas, sobre todo para el colectivo de los jóvenes, y más, después del desarrollo de los smartphones. Estas webs nos permiten mantener el contacto con amigos que quizá estén lejos, conocer gente nueva, informarnos de la actualidad y ,por supuesto, ofrecen mucho, mucho entretenimiento.
Sin embargo, como todo, las redes sociales tienen también un lado negativo. Cada vez más, encontramos en las redes sociales, casos de acoso, burlas, discriminación... que muchas veces vienen dados por la aparición en la web de contenido sobre esa persona que sufrirá el acoso. Así, por ejemplo, tenemos el típico caso del novio/a despechado que sube una foto de su ex desnudo/a a facebook, sin, evidentemente, conocer las graves consecuencias que esto va a tener.
Por tanto, creo que para poder seguir disfrutando de nuestras queridas redes sociales, debemos pensar todo lo que escribamos y subamos, ya que, como se ha dicho muchas veces, una vez está en Internet, ya no nos pertenece.
martes, 24 de marzo de 2015
Conexión 24 horas
Entre los numerosos
avances de las nuevas tecnologías el más destacado y el que ha provocado una
gran revolución en los diversos ámbitos ha sido internet, sí esa red
informática de la que hoy en día muchas personas dependen.
Antes cuando no existía,
las personas se dedicaban a realizar otro tipo de actividades como pasear,
leer, hablar por teléfono o simplemente sentarse en un banco de un parque a
pasar la tarde. Es cierto que hoy en día se siguen realizando este tipo de actividades
pero en menor medida, cada vez se ven menos personas por el retiro sentadas en
un banco leyendo un libro, ya que es más fácil verlas con un móvil, con el que
pueden que estén leyendo algo, pero lo más seguro que sea una conversación de whatsapp.
La creación de internet
al principio solo estaba al alcance de las personas más privilegiadas pero poco
a poco se ha ido extendiendo entre las diferentes clases sociales, y
actualmente es muy fácil estar conectado ya seas más rico o más pobre, seas
grande o pequeño, todo el mundo lo utiliza. Con esto quiero destacar una frase
que dijo Negroponte «en el año 2000 habrá
más personas que dedicaran su tiempo libre a Internet que a ver lo que hoy
llamamos «cadenas de televisión». Si nos paramos a pensarlo esto es cierto,
cuando una persona tienen tiempo libre lo que hace es meterse en Internet para
a lo mejor ver ropa, buscar un libro que quiera comprarse o directamente coge
el móvil (en el cual tiene Internet) y abre las diversas aplicaciones que
tiene, como el whatsapp. Esta es una
aplicación que junto al desarrollo de la red informática, Internet, ha
permitido que las personas estemos en continuo contacto algo que puede ser
bueno y malo a la vez, en mi opinión. Puede ser bueno porque por ejemplo yo que
tengo un grupo con mi familia, en la cual cada persona vive en una punta de
España, mi prima nos manda fotos de su
hijo cada dos por tres para que veamos cómo va creciendo su hijo o también
videos para que veamos cómo está aprendiendo a andar.
Sin embargo, este continuo
contacto puede tener malas consecuencias, el ejemplo más claro es cuando
mandamos un mensaje y no nos contestan o nos ignoran. Sinceramente, hoy en día
damos demasiada importancia a este hecho, pero antes, en la época en la que se
comunicaban a través de cartas podían tardar meses en contestar y la gente no
se enfadaba. Hoy en día, nos enfadamos si no nos contestan a los 5 minutos y
vemos que su última conexión ha sido después de haberle mandado el mensaje, nos
corre por dentro una sensación de enfado porque nos han ignorado, no nos
paramos a pensar que a lo mejor no nos han podido contestar. Pero no está aquí
el verdadero problema, sino que con las innovaciones de esta aplicación, ahora
se puede saber si te han leído el mensaje o no con los ticks azules. Esos que en mi opinión van a acabar provocando muchos
problemas, principalmente en las relaciones de pareja. Tengo una amiga que por
todo esto se plantea desinstalarse el whatsapp
porque dice que está harta, que se producen numerosos malentendidos, en el
sentido de que ella puede estar contando una cosa en broma y la otra persona no
lo interpreta así y se enfade, o por ejemplo que ella cuente algo muy
importante y la otra persona la ignore por eso ella me ha dicho en numerosas
ocasiones “tía me voy a quitar el whatsapp
es lo peor, si la gente quiere saber algo de mí que me llamen”. Esto es cierto,
con tanta aplicación, tanto mensaje etc. Nos hemos olvidado de que los móviles
llaman, algo que ya comente en mi anterior publicación.
No digo que todo el mundo
hoy en día solo se comunique de esta manera a través de Internet, porque una
amiga de la universidad que dice que le gusta escribir de vez en cuando se
manda cartas con sus padres porque dice que ahí expresa mejor lo que les quiere
decir, mejor que en un simple mensaje de whatsapp. Además las personas que no
tienen Internet en el móvil, o en cualquier aparato electrónico, se siguen
comunicando a través del teleféfono, mi abuela por ejemplo, me llama todos los
días para ver que tal me ha ido el día. Y a ella sinceramente la hace más
ilusión eso a que le mande un mensaje, porque dice que así escucha mi voz.
Muchos pensaréis, que puedo mandarle notas de voz, pero… mi abuela no tiene
móvil.
Con todo esto me refiero
a que hemos cambiado las conversaciones de horas al teléfono por estar las 24
horas hablando con una persona, sea quien sea, esto está genial porque yo a mis
amigas en cuanto me pasa algo, bueno o malo se lo cuento en cuanto sucede
gracias a la instantaneidad de los mensajes, pero también en mi opinión al
estar todo el tiempo conectados entre nosotros podemos plantearnos que quizás
nos vemos menos, físicamente, con las personas de nuestro alrededor.
lunes, 23 de marzo de 2015
'But first let me take a selfie'
Desde que las nuevas tecnologías irrumpieron definitivamente en nuestras vidas las han cambiado mucho. No sólo que ahora usemos los ordenadores diariamente, estemos siempre conectados, usemos alguna máquina para prácticamente todas nuestras actividades diarias...; a lo que me estoy refiriendo ahora más bien es a los cambios que han hecho en nosotros y que no se ven, esos que van por debajo de la piel y llegan mucho más profundo.
El mismo impulso que te hace sacar la calculadora del móvil para comprobar que sí, menos mal, 1+1 siguen siendo 2; ¿no será el mismo que te lleva a sacar el móvil en medio de una fiesta para sacar una foto en vez de sólo pensar en bailar y pasártelo bien? ¿O a decirle a todo el mundo que te dispones a salir a correr y hasta la marca de tus zapatillas?Y ya no digamos si al final no te rajas y corres de verdad.
A lo que me refiero es que las nuevas tecnologías nos han traído nuevas formas de hacer las cosas, de enfocarlo todo, de relacionarnos; y sobre todo han creado el impulso de adaptarnos a ellas. Es una nueva forma de comportarse tanto en privado como en público, la revolución más silenciosa de todas las que han traído las máquinas. Mis abuelos, o mis padres, no entienden que cuando salgamos llevemos todos el móvil y lo estemos mirando constantemente. "Si ya estás con tus amigos, ¿por qué os vais a poner a hablar con otros mientras?¿Cuando veas a los otros te pondrás a hablar con los de hoy?" ¿Por qué no disfrutar de la gente que tienes al lado, y no al otro lado pero de una pantalla?
Sólo es un ejemplo, podría poner mil más. Seguramente de la mayoría ni nos hayamos dado cuenta, pero cuando tu amigo te dedica una entrada en su muro, ¿a qué clase de borde se le ocurriría no darle ni un Me Gusta?, o ¿cómo vas a pasarte una larguísima tarde estudiando sin pasar una foto por Snapchat con cara de sufrimiento y tus gafas de marca que se vean bien en primera plana? O cuántas parejas se han peleado porque uno subió una foto de los dos y el otro no la retuiteó pero en cambio para dar favorito a otra chica sí tuvo tiempo; o cuántas que empezaron con un mensaje privado por alguna red social, o no sé. Son las reglas no escritas de las relaciones actuales, las que nadie ha dicho en alto nunca pero todos conocemos, que prácticamente hemos aprendido según crecíamos igual que aprendíamos a sumar y restar. Y ahora mismo a sumar 1+1 puede que necesitemos ayuda pero sobre esto no tenemos nunca ni una duda, eso seguro.
Las nuevas tecnologías no son sólo que ahora dispongas de más medios, sino más que nada que los hagas tuyos, que los incluyas en tu día a día con los efectos que eso tenga. Hoy en día es ya una realidad, ahora sólo queda seguir descubriendo más consecuencias inesperadas de las nuevas tecnologías.
¿O es que alguien esperaba que algún día pudiéramos plantearnos siquiera ponernos a compartir con amigos selfies a 500 metros de altura?
El mismo impulso que te hace sacar la calculadora del móvil para comprobar que sí, menos mal, 1+1 siguen siendo 2; ¿no será el mismo que te lleva a sacar el móvil en medio de una fiesta para sacar una foto en vez de sólo pensar en bailar y pasártelo bien? ¿O a decirle a todo el mundo que te dispones a salir a correr y hasta la marca de tus zapatillas?Y ya no digamos si al final no te rajas y corres de verdad.
A lo que me refiero es que las nuevas tecnologías nos han traído nuevas formas de hacer las cosas, de enfocarlo todo, de relacionarnos; y sobre todo han creado el impulso de adaptarnos a ellas. Es una nueva forma de comportarse tanto en privado como en público, la revolución más silenciosa de todas las que han traído las máquinas. Mis abuelos, o mis padres, no entienden que cuando salgamos llevemos todos el móvil y lo estemos mirando constantemente. "Si ya estás con tus amigos, ¿por qué os vais a poner a hablar con otros mientras?¿Cuando veas a los otros te pondrás a hablar con los de hoy?" ¿Por qué no disfrutar de la gente que tienes al lado, y no al otro lado pero de una pantalla?
Las nuevas tecnologías no son sólo que ahora dispongas de más medios, sino más que nada que los hagas tuyos, que los incluyas en tu día a día con los efectos que eso tenga. Hoy en día es ya una realidad, ahora sólo queda seguir descubriendo más consecuencias inesperadas de las nuevas tecnologías.
¿O es que alguien esperaba que algún día pudiéramos plantearnos siquiera ponernos a compartir con amigos selfies a 500 metros de altura?
sábado, 21 de marzo de 2015
¡Desacelérate!
Personalmente, la velocidad que caracteriza la época en la
que vivimos me agobia. Ya no sólo en el día a día o el empeño que parece tener el mundo por
hacernos ver que cada minuto que no empleemos en formarnos es un minuto
desperdiciado, también las autopistas de información que nos bombardean a cada instante. Dicen que la rapidez puede ser una virtud, si no generara prisas.
Para mi desconocimiento, hace unos días escuchaba hablar
en la radio del “movimiento slow”. Para los que como yo, no habíais oído hablar
de él, se trata de una filosofía de vida que se lleva a la práctica en
diferentes ámbitos sociales (slow food,
slow work). El movimiento nace como
respuesta a estos tiempos acelerados, aunque sitúan su génesis en el año 1986
(ver historia aquí) y pretende “dar herramienta a
los individuos para que sus existencias no sean una mera sucesión de escenarios
encadenados, desprovistos de emociones”.
A mí particularmente, la idea me fascinó. Decía Gandhi que
“en la vida hay algo más importante que incrementar su velocidad”. ¡Cuánta
razón! Bajo estos preceptos se une la comunidad slow, cambiando el aspecto negativo que se le asocia al término “lentitud”
y apostando por él para una vida “más plena y desacelerada”.
Aquí os dejo el vídeo realizado por la UNED en su programa "SLOW: una nueva cultura del tiempo" donde hablan del movimiento y, a continuación, enlaces de las páginas oficiales del mismo, dónde podéis echar un vistazo y ver de qué va:
miércoles, 18 de marzo de 2015
Condenando a la cultura
Si hay algo que diferencia al ser humano del resto de los
seres vivos que hay en la faz de la tierra es la capacidad que tenemos de articular
palabras, de reflexionar sobre
conocimientos, de comunicar ideas, de
recordar lo pasado, en definitiva lo que significa nuestra racionalidad,
nuestra cultura y nuestro lenguaje. Por lo tanto, si de algo no nos podemos
despojar, ni desprendernos de ello, ni mucho menos ningunear, es precisamente
de estas palabras en mayúsculas, CULTURA y LENGUAJE. Estas son precisamente las
bases de la razón humana y lo inherente a la humanidad.
Por todos son sabidas las más que manidas “bondades” que nos
venden sobre las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (la
globalización, los flujos de información
y comunicación abundantes, incesantes y directos, interconexiones en red, etc.)
de una forma desinteresada en aras de una sociedad global más igualitaria y más
próspera. ¿Más próspera para quién?, es a lo que deberían de responder esos “desinteresados
vendedores” y lo que se preguntan
aquellos entendidos que creen que es un arma de dominación.
Pero dejando atrás temas excesivamente farragosos y con
demasiado calado para este tipo de artículos, centrémonos en estragos más
mundanos que provocan las nuevas tecnologías y a los que hace referencia el
título; la condena del lenguaje. Las nuevas tecnologías debido a su propia
concepción premian la instantaneidad, la velocidad, la simplificación, la
reducción, la rentabilidad, la productividad, “menos es más”, etc. y bajo esta
lógica mercantil el lenguaje está destinado a una condena perpetua llena de
denigrantes atrocidades, llegando a exprimir el último gajo de un lenguaje
moribundo.
Un claro ejemplo de este asesinato al lenguaje y a la
cultura son los métodos que utilizan algunas redes sociales como puede ser
Twitter con la regla de los 140 caracteres. Así lo que fomentamos es una
sociedad con una actitud simplista ante la vida, con unos pensamientos y unos
conocimientos bastante básicos, sin lugar para la reflexión y la deliberación y
con una gran mayoría de neófitos en temas culturales; encaminándonos a una
triste sociedad de informados-iletrados. Lo cual es decepcionante, aún más en
la época en la que la cultura está al alcance de casi todos.
lunes, 16 de marzo de 2015
Selfies desde el vientre materno
Me asusta cómo los niños controlan
cada ordenador, cada móvil, en fin, cada dispositivo, es como si hubiesen
nacido con ellos debajo del brazo. Hace unos cuantos meses, fui a visitar a mis
primos, con los que me llevo unos once años, y decidí llevarles un detalle a
modo de agradecimiento por su invitación. Les llevé un juego de cartas
temáticas para cada uno, para él, con unos dinosaurios espeluznantes y para ella,
las ya conocidas entre las niñas de esa edad, las Monster High. En definitiva, era aquel regalo que hubiese deseado
de pequeña que me trajeran si venían a mi casa, para jugar al juego de las
familias entre muchos otros. Lo abrieron con mucho entusiasmo y una cara de
felicidad tremenda (sospecho que por el tamaño imaginaban un móvil) y su semblante,
para mi sorpresa, no cambió en absoluto, es más, se pusieron contentos y a
jugar con ellas inmediatamente. Os podéis imaginar, aquello se había
constituido para mí como un triunfo, había dado en el blanco. Pero la cosa
cambió, a los cinco minutos (exactamente lo que les costó comprender que no
sabían cómo jugar con aquello) guardaron la baraja y cogieron cada uno su
tablet y, por supuesto, estuvieron jugando con ella más tiempo que con las
cartas.
En absoluto me sorprendió, mis
primos no son los únicos que prefieren las tablet y cualquier otro dispositivo
electrónico a algún juguete que puedas tocar y jugar, así como imaginar
historias fascinantes con él. Un poco alicaída, le pregunté a mi
prima algo que desde luego no debería haber hecho pero que por supuesto me ha
servido de inspiración para escribir este artículo: “¿te han gustado las
cartas?” a lo que, ni corta ni perezosa y motivada por el desconocimiento de
que era yo quien se las había regalado, o la excesiva sinceridad de los niños,
o quizá un poco de ambas, me respondió que “si, me han gustado, pero prefiero
la tablet”. Me lo imaginaba. Además, me recomendó que para su cumple tuviese
mejor acierto y que, desde luego, quería un móvil. Esta petición me dejó algo
asustada. Yo con ocho años el único móvil que quería era el que tenía caramelos
dentro de él.
Regresé a casa reflexionando en
todo aquello, en cómo la infancia en apenas la última década ha evolucionado,
en cómo los niños saben perfectamente qué hacer con cualquier dispositivo que
les pongas delante (cosas que os aseguro ni yo he aprendido aún) pero no saben
cómo se juega a un juego que implique la mímica, o cómo con dos muñecos puedes
idear una historia distinta cada día.
Quizá esté haciéndome mayor con
demasiada lentitud como para asimilar lo rápido que cambian nuestros tiempos,
pero cada vez se me hace más raro ver a niños en su más tierna infancia
utilizando juguetes convencionales y no utilizando ningún aparato electrónico.
No es que me entristezca, simplemente acepto que es el ritmo que esta nueva
sociedad debe tomar, pero me hace reflexionar en cómo los muñecos de bebé y los
dinosaurios se están sustituyendo por muñecos de bebé y dinosaurios atrapados
en una pantalla que realizan más acciones que las que hacían mis juguetes. Me
asombra ver cómo mi prima saca mejores selfies que yo y sabe retocarlas y
pasarlas por WhatsApp a todo aquel que le interesa, ver cómo busca vídeos en
Internet de canciones de alguna película de Disney, ver cómo controla el
ordenador mejor de lo que yo lo hago. Si generaciones que nos anteceden
pensaban que nosotros sabríamos controlar todo lo relacionado con la
electrónica, ¿qué será de las generaciones futuras? Desde luego, estoy segura
que podrán sacarse selfies desde el
vientre materno.
En cierto modo, agradezco la
sinceridad de mi prima y su inconsciente invitación a reflexionar, y desde aquí
le anticipo que puede que en los próximos regalos tenga mejor destreza para
elegir, pero que intentaré regalarle algo con lo que pueda despertar la
imaginación infantil.
Ana Rodríguez.
Ana Rodríguez.

(Fuente: Revista Ella Hoy)
sábado, 14 de marzo de 2015
Ya lo he visto en la tele
Hace cuatro veranos (si los
cálculos no me fallan) nos fuimos de vacaciones a la playa y nos llevamos a mi
prima pequeña, que entonces tenía 5 y que no conocía el mar. Mientras íbamos en
el coche hacia Elche, hacía memoria de mis primeros recuerdos en el mar. Me
vino a la cabeza mi madre, jovencísima, con un bañador negro liso, agarrándome
de la mano para entrar al agua. Recuerdo cómo me subía encima suyo para que no
me tirasen las olas y cómo odiaba cuando estas rompían y me obligaban a bucear.
También recuerdo el picor en los ojos o lo extraño que me parecía el sonido que
hacía el mar cuando me sumergía. Recuerdo mañanas y tardes recogiendo conchas
vacías en la orilla con mi hermana. Me apasionaba el mar, yo no era muy aficionada
a los castillos o a tomar el sol cómo lagartos. Pero en el mar sí, en el mar me
podía pasar las horas. Era la rutina mañanera en la playa de Los Arenales del
Sol. Nada más pisar la arena, mi hermana pequeña y yo, tirábamos todo al suelo
y corríamos como locas a bañarnos en el agua salada. Me viene a la cabeza mi
madre echándonos agua por la cabeza constantemente para que no nos diera una
insolación o cómo salíamos a mojar a mi padre para que se bañara con nosotras.
Entre un recuerdo y otro se despertó mi prima, que por suerte llevaba dormida
las tres horas de viaje. Entonces le pregunté si tenía ganas de llegar y ver el
mar… Para mi sorpresa, ella me respondió con un “pero prima, si ya lo he visto
en la tele”.
Unos años después, nos subíamos a
un avión por primera vez, con destino a Londres. Entonces fui yo la que me
sorprendí a mí misma al llegar al Big Ben y pensar “no es para tanto, parecía
más espectacular en las fotos”. Supongo que ni mi prima, ni yo, fuimos las
primeras en tener esa sensación de decepción al ver el objeto real y la
distancia (en el mal sentido de la palabra) con sus representaciones. El
acercamiento y la globalización que han provocado las nuevas tecnologías
parecen habernos quitado la capacidad de sorprendernos, la sensación de lo
novedoso. Me entristece pensar que podamos llegar a perderlas.
jueves, 12 de marzo de 2015
Tecnologías estrella
Hace unas semanas, se celebró en Los Ángeles la gala de los Oscar, los premios más prestigiosos del cine. Aunque había
películas de gran nivel y actores a la altura de ellas, finalmente una de las
más premiadas, y eso incluye el Oscar a Mejor Actor para su protagonista, fue
La teoría del todo.
Esta película trata sobre la vida de un personaje mucho más
conocido que como simple personaje principal del film. No es otro que Stephen
Hawking, reputado profesor y genio de la astronomía. Además de incapacitado
prácticamente desde su juventud por una enfermedad que lo ha postrado en una
silla de ruedas y unido de por vida a un ordenador.
Os preguntaréis que podrá tener que ver una gala de premios
de cine y todo su "famoseo" con las nuevas tecnologías. O bueno, puede que os lo
preguntarais al principio, y que al ver la palabra “ordenador” hayáis comenzado
a ver por dónde voy.
Las nuevas tecnologías al final, como creación humana que
son, han heredado esa característica nuestra de tener una parte mala y
otra buena. De la mala… ¿habrá que repetirla en serio? Que crean adicción,
dependencia, no han cumplido las expectativas de igualar a la humanidad sino
que la han dividido entre los que tienen acceso a ellas y los que no, han
cambiado de arriba a abajo las relaciones humanas, y relegado todo lo
artesanal, lo hecho a mano; entre mil aspectos negativos más. Sin embargo, como
creo que todos nos hemos dado cuenta ya de eso aunque las sigamos usando como
maníacos, ahora quisiera centrarme en este detalle: en por qué creo que de
hecho claro que deberíamos seguirlas usando, y además ya siendo conscientes de
que no somos tan listos como creíamos o por lo menos que hay que tener cuidado
de cuando la utilidad se vuelve obsesión.
Volvamos a esa gala de los Oscars con sus vestidos y sus
joyas y su alfombra roja… bueno, y volvamos aún antes, a esa película de la que
os hablaba, y más antes todavía, a ese profesor en el que se basó. ¿Cómo podrá
ser la vida de una persona que ha recibido a la vez la gran suerte de poseer
una de las mentes más prodigiosas de la historia y una enfermedad tan cruel? Y
sobre todo, la pregunta que quiero plantearos… ¿cómo podría haber sido, y no
sólo su vida sino la de todos los que nos hemos beneficiado de su conocimiento,
si no existiera un ordenador capaz de permitirle sacar ese saber de su cabeza y
contárnoslo a los demás?
Las nuevas tecnologías han causado muchos cerebros de
mosquito, desde luego. Gente que no es capaz de vivir sin su móvil y su
ordenador y su televisión y sus mil cosas más. Pero sólo quiero que le
dediquéis un segundo a pensar en todas esas personas a las que los ordenadores
y el desarrollo tecnológico en general les ha cambiado la vida, o directamente
les ha permitido vivirla. No es la única cosa buena de las nuevas tecnologías,
igual que tampoco he hablado de todas las malas, pero creo que es una realmente
poderosa y que debemos tener muy en cuenta a la hora de criticar o defender las
nuevas tecnologías.
Y bueno, por último y ya que la tecnología ha avanzado mucho
y precisamente espero haberos hecho ver que aún será bueno que siga avanzando
más; todavía no ha llegado al nivel de dejar comentarios positivos… así que
podéis demostrar lo independientes que sois de las máquinas dejándolo vosotros
mismos.
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