martes, 7 de abril de 2015

Un futuro tecnológico entre interrogantes

Como muchas cosas en esta vida, si algo es bueno o malo, depende del uso que se le dé por nuestra parte. Un cuchillo puede ser maravilloso si lo utilizamos para trocear la comida y hacernos más sencillo el comer, sin embargo puede ser horrendo si se utiliza para herir a otra persona. Es el mismo caso que  la tecnología, pero a una escala mayor y globalizada.

 La tecnología en el ámbito médico ha permitido avances muy importantes en la mejora  de  los tratamientos oncológicos o en la observación y el progreso en la cura de enfermedades raras, degenerativas, crónicas, etc… Esto es lo plausible y alabable de la tecnología y de las personas que se dedican a ella, la intención de facilitar y hacer más próspera la vida humana. La otra cara de esta moneda tecnológica, en el plano bélico por ejemplo, son las bombas atómicas, el arsenal nuclear, y demás artilugios militares que no están precisamente pensados para favorecer la vida humana en la Tierra; sólo conjugan dañar y destruir.

Ahondando en el tema de la velocidad vertiginosa que ha tomado la tecnología de 50 años a esta parte, de sus avances imparables y de su centralidad en las sociedades occidentales actuales (los niños ya no vienen con un pan bajo el brazo, sino con una Tablet); se abre una ventana intrépida e imaginativa llena de especulaciones y elucubraciones de cómo podrá ser el devenir de una sociedad en la que el empuje de la tecnología es de tal magnitud.


¿Será una sociedad en la que el uso ¨bondadoso¨ de la tecnología se imponga al más contraproducente de la misma?¿El hombre dominará a la tecnología o por el contario la tecnología controlará al hombre?¿La tecnología será un elemento de dominación o de prosperidad para la humanidad?¿Habrá guerras con arsenal nuclear?¿Humanos contra robots por la hegemonía de la Tierra? Ante este tipo de cuestiones futuristas, las cuales soy incapaz de responder con algo de certeza, únicamente espero que alguna mente brillante y visionaria similar a la del maestro adelantado, George Orwell, sea tan intrépido de arrojar algo de luz a estas cuestiones y vislumbrar mínimamente  la civilización del futuro.

lunes, 6 de abril de 2015

El ermitaño digital

Hace no mucho tiempo, leí la historia de un hombre que se comprometió a vivir un año entero sin conexión a Internet con todas las consecuencias que ello implicaba porque, según el mismo creía, la red lo desconectaba de la realidad del mundo. Una vez más, este tipo de historias me invitan a reflexionar y, consciente de que es el último artículo que voy a publicar en este blog, decidí hacer una reflexión acerca de las nuevas tecnologías, en el más amplio de los sentidos.
A mí misma me cuesta imaginar un mundo donde las nuevas tecnologías no estén presentes, me cuesta imaginar un siglo XXI sin televisión, sin cine en tres dimensiones, sin ordenadores, sin Internet. Pero lo cierto es que estoy convencida que no soy la única persona de este planeta que piensa algo parecido. Ahondando más en mi imaginación y en mis pensamientos, imaginé a una persona que usase hasta tal extremo las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías que viven junto con nosotros que se convirtiese en un ermitaño digital.

Imagino que ese ermitaño solo necesitaría un teléfono móvil al lado de su cama cuando fuese a dormir, para estar seguro que el mismo le despertaría  a la hora que  desease a la mañana siguiente. Una vez despierto, mientras desayuna, seguiría siendo solo necesario el teléfono móvil para leer el periódico en versión digital o, si quiere ser más rápido, entrar en Twitter y leer fugazmente los titulares. También podría consultar el periódico en edición impresa sin siquiera salir de casa para comprarlo, tan solo con adquirir la versión para la tablet u otro dispositivo móvil podría disponer de ella, además, las hojas del periódico no se le mancharían con las gotas del café matutino. Si nuestro ermitaño es perezoso y no quiere leer, no hay problema, con presionar el botón de encendido de la televisión y volver a presionar para poner el canal de noticias de 24 horas, se entera de las mismas noticias. Incluso puede encender la radio. ¿No es ideal? ¡El ermitaño está en el mundo sin siquiera salir de casa!
Pero no lo son todo las noticias, el ermitaño también tiene que alimentarse  y abastecerse cuando se le acaben los alimentos. No, no hace falta salir de casa. Con solo meterse en Internet en la página de su supermercado favorito, puede hacer la compra, pagar y, ¡encima se lo llevan a casa!
También puede realizar transacciones bancarias por Internet, ponerse en contacto con diversas personas, tener amigos en Hawái si desease, incluso viajar, solo basta con ver fotos en Internet o poner algún canal absurdo de viajes, y ya está. El ermitaño podría leer si quisiese sin ir a la biblioteca, e ir al cine si desea ser un pirata virtual porque, las nuevas tecnologías también se lo ofrecen y las posibilidades están por encima de la ética.
El ermitaño no necesitaría salir de casa para conocer personas, ni para ligar, de hecho, existen tal cantidad de páginas donde puedes tener citas, que podría lisonjear con distintas personas a la vez. ¿No es el ermitaño el rey de este mundo?
Nuestro querido ermitaño, puede pasar un día entero (y años)  encerrado en casa y hacer las mismas acciones que se hacen en la calle, en el mundo, pero él las hace desde su hogar y si quisiera en pijama. Cuando se va a acostar, no necesita nada más que el teléfono móvil al lado de su cama para estar seguro que el mismo le despertará. Y comienza de nuevo. El ermitaño digital se ha convertido en el gran monje de la ermita de las tecnologías.
  
Paisaje con san Jerónimo
                               (Paisaje con San Jerónimo, Joachim Patinir. Fuente: museodelprado.es)


Las nuevas tecnologías nos facilitan los procesos diarios y nos sirven de ayuda en muchas ocasiones, de entretención, de ventana para escapar de la realidad mundana. Pero yo sigo pensando que hay que adaptar los cambios a la vida que ha existido desde que el hombre es hombre. La vida que nos toca vivir en estos tiempos es una realidad rodeada de tecnologías, pero también es una vida alejada de ellas. La clave del éxito en esta nueva realidad es seguir saliendo a la calle y viviendo experiencias y ayudarte de las nuevas tecnologías cuando es preciso. No quiero que el mundo termine siendo un hábitat de ermitaños digitales y que las personas que viven compaginando la realidad con las tecnologías sea una especie en peligro de extinción.  

Ana Rodríguez 

domingo, 5 de abril de 2015

Adiós pentagramas, hola ordenadores

Nos guste o no, hay que reconocer que uno de los mundos donde más influencia ha tenido el desarrollo tecnológico, es el mundo de la música. Evidentemente, sigue existiendo música convencional (tocada con instrumentos, siguiendo unas notas determinadas...) de gran éxito, poniendo como ejemplos grupos como RHCP, Nirvana.., incluso en estos grupos vemos influencia tecnológica (guitarras eléctricas, teclados...).

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Así, y por mucho que algunos le achaquen a este tipo de música escasa calidad musical, actualemente, los grandes festivales que más dinero y público atraen son los que ofrecen la llamada música electrónica. Vemos como festivales como Tomorrowland (Bélgica) o Ultra live (Miami). Atraen a cada vez más personas, aunque, los precios sigan subiendo.

Por supuesto, hay que admitir que el éxito de estos festivales viene dado, en parte, por su aire festivo y muchas veces la música que ofrecen no es el mayor motivo por el que se asiste, sin embargo, está claro también que en el mercado actual esta es la música que más vende y vemos como bandas como Linkin Park, han ido evolucionando para adaptarse al mercado, pasando de ser, en sus inicios, una banda de rock heavy, a ofrecer, actualmente, un estilo que podría llamarse pop electrónico.

A mi, por suerte, me gustan practicamente todos los estilos de música y, la verdad, es que, últimamente, sí estoy bastante enganchado a la música electrónica. Así, soy partidario del desarrollo de este estilo de música mientras no hunda otros estilos que sería una pena perder.

40 años de vértigo

Hace unos 40 años, un tal Martin Cooper parecía empeñarse en que los teléfonos fueran tan pequeños como para ser portátiles.  De Chicago, pero de modesta familia de inmigrantes ucranianos, Cooper desarrollaba en 1973 el primer prototipo de teléfono móvil para Motorola. El DynaTAC pesaba casi un kilogramo (que se redujo a la mitad al salir a la venta), tenía una batería  de 35 minutos de duración y un precio de unos 2.900 euros. El propio Cooper admitió que no fue tarea fácil y que llevó mucho tiempo. De hecho su invento no empezó a generar ingresos a la compañía hasta pasados tres años, en los que muchos quisieron abandonar la investigación. La visión a largo plazo de este ingeniero, le permitió ser el artífice de la primero llamada desde un móvil en la historia, que usó para anunciar a su mayor competidor en el sector que su proyecto ya era real.



Del único usuario en el mundo a los 3.600 millones con teléfono móvil en la actualidad, la mitad de la población mundial, o a los 4.600 millones a los que las últimas estadísticas prevén que se extenderá. Nadie en su sano juicio habría imaginado por aquel 3 de abril de 1975, que 40 años después la industria del móvil generaría tres billones de dólares a la economía mundial, casi un 4% del PIB mundial. 


jueves, 2 de abril de 2015

Sobresaliente en TIC


Uno de los espacios en los que más se nota cualquier avance, ya sea porque te va a tocar estudiarlo o porque hasta le puedes sacar partido, es en la educación. Las TIC, cómo no, también han acabado desarrollando su lado educativo, convirtiéndose en una grandísima ayuda tanto para los que enseñan como para los aprendemos.
Si hablamos del uso de tecnologías en la universidad lo primero que se nos viene a la cabeza es cómo prácticamente en todas las clases se trabaja a partir de presentaciones (aunque algunas de reciente tienen poco), o cómo cada vez más profesores se manejan a través de plataformas digitales para hablar con sus alumnos, colgar apuntes, mandarles trabajos... Desde luego más de una vez no nos ha alegrado tanto eso de que ni un fin de semana podamos estar totalmente desconectados de clase.
Sin embargo, y aunque los alumnos desde luego ya hemos incorporado las TIC a nuestras vidas, ¿las hemos incorporado a esa parte de nuestra vida que es la universidad?


Casi es una pregunta retórica. Es imposible entrar en una clase y no ver a alguien con ordenador, tablet, lo que sea; y de hecho ahora prácticamente lo raro es tomar los apuntes a mano. O usamos también presentaciones para hacer nuestros trabajos, innovamos el formato para hacerlos (por ejemplo, este trabajo en forma de blog), disponemos de más información y medios para estudiar... y una última novedad para los universitarios que no vemos día a día, y precisamente ahí está su gracia: la universidad a distancia.



No es un fenómeno novísimo, de hecho existe ya desde alrededor de los 90, aunque sí es reciente en España su incorporación real a las universidades, siendo toda una referencia la UNED. La universidad a distancia, de eso sí no hay duda, es inseparable de las TIC; y aunque para los estudiantes presenciales no sea tan obvio, supone toda una revolución de posibilidades en los estudios.
¿Cómo iba a poder antes una mujer de 40 años, madre de familia y con trabajo, sacarse por ejemplo la carrera de Derecho? ¿O un hombre incapacitado con problemas de movilidad desplazarse diariamente hasta la universidad y soportar el lío diario de cada jornada de clases? ¿O un estudiante sin recursos que necesita trabajar para pagarse los estudios, compaginarlos con eso y con simplemente tener vida y dormir? Y mil casos más a los que se les ha abierto el horizonte con las nuevas posibilidades que ofrecen las TIC, precisamente por permitir romper con lo presencial e incluso con lo temporal.
Esta es sólo otra de las aplicaciones de las TIC que agrada ir descubriendo, cómo pueden realmente mejorar la vida de personas tan cercanas a nosotros que a lo mejor están estudiando esta misma carrera ahora mismo, pero no tienen la suerte de que sea la única ocupación a la que dedicarse.

Para acabar con algo tecnológico y académico, ahí va un enlace sobre una charla de las TIC y la universidad a distancia frente a la presencial:
http://ddd.uab.cat/pub/educar/0211819Xn28/0211819Xn28p83.pdf


lunes, 30 de marzo de 2015

El impacto de la televisión


Entre la gran variedad de avances en las nuevas tecnologías uno de los más destacados y más usado diariamente es la televisión. A través de este aparato podemos ver las noticias, deporte, películas, programas de entretenimiento, anuncios, documentales…
 
Hoy en día nos proporciona una gran variedad de información, de una forma diferente a como lo hacen otros medios, como prensa o  internet. Antes la televisión por lo que me han contado mis padres solo tenía dos canales y la programación era escasa comparando con la actual, pues ahora hay una gran diversidad de canales, desde los generalistas como: TVE, antena 3, cuatro, Telecinco… a otros como: TNT, divinity, neox, Disney channel… con toda ésta parrilla de canales  las personas podemos ver lo que queramos y “cuando queramos”, pues incluso se repiten programas en diferentes canales de la misma cadena.
 

Al tener gran variedad, tanto de programas como de canales, la televisión se ha convertido en uno de los electrodomésticos más utilizados, pues sirve para el entretenimiento, no solo para los niños o jóvenes, sino también para las personas mayores, como mi abuela, que ella  se programa la visualización de lo que quiere ver en cada momento. Primero, dice que al medio día se ve La ruleta de la suerte, luego a la hora de comer ve las noticias y después para dormirse la siesta se ve Cifras y letras. Cuando se despierta, que da la casualidad que es cuando empieza su novela, bueno una de ellas se la ve entera. Después apaga la televisión y se pone a hacer cualquier cosa o merienda algo, y cuando acaba vuelve a encenderla porque claro empieza Pasapalabra y cuando este concurso acaba se vuelve a ver las noticias. Es un claro ejemplo del entretenimiento diario de algunas personas, también hay gente que cuando tienen hijos, desde muy pequeños les pone a ver los dibujos, para así tenerlos ocupados y ellos realizar cualquier otra cosa, no digo que esto sea malo porque a todos nos lo han hecho, pero ya se les enseña a depender de un aparato que poco a poco les cautiva y dejan de hacer otras actividades.
 

Por otro lado, hay personas que ven la televisión para estar al día de las noticias más importantes que hayan ocurrido en ese día. Al igual que hay otras que lo utilizan para ver concursos o documentales lo que permite que las personas podamos dar un uso diferente según nuestro enfoque y necesidad del momento y así  cada uno se entretiene como lo desea.

domingo, 29 de marzo de 2015

La obsolescencia programada: un mal de la tecnología actual


Probablemente la obsolescencia programada sea uno de los principales motivos por los que las nuevas tecnologías han estado inmersas en un frenesí constante de avance y evolución desde mitades del siglo XX hasta nuestros días. Lejos de estar agradecidos  por los frutos de esta metodología sistémica, puesta en marcha en todas las sociedades contemporáneas, deberíamos observar su lógica aplastante con mayor perspectiva.



La obsolescencia programada o planificada como tal, es la decisión, con un carácter premeditado, que toma un fabricante o una empresa de establecer  el fin de la vida útil del producto. Por lo que tras un periodo de tiempo calculado de antemano, el producto se torna en algo obsoleto e inservible.De aquí se extrae la lógica de la obsolescencia programada, en definitiva otra de las aristas del capitalismo salvaje, que no es más que el hecho de seguir girando con más fuerza una manivela diabólica controlada por unos pocos, de hacer cada vez más grande la bola hasta que nos aplaste a todos. Este es el modus operandi de la obsolescencia, generar necesidades cada vez más estúpidas y las ansias de reponerlas con la mayor celeridad posible si estamos momentáneamente carentes de ellas; y con los objetivos de que el sistema se lucre de la sociedad y de alienar al hombre en detrimento de las necesidades materiales que se le ofertan.



sábado, 28 de marzo de 2015

Mentiras en la red

De vez en cuando me gusta reflexionar acerca de diversos temas que nos rodean y que cada vez están más presentes en nuestras vidas, para bien, o para mal. El otro día, a propósito de estar buscando un tema para el que escribir mi siguiente artículo y gracias a ver por casualidad una serie, me vino a la cabeza un tema tan amplio que asusta: Internet. Quisiera reflexionar acerca del uso que damos a esa maravillosa herramienta y, sobre todo, el que le dan otras personas.

Es preciso, sin embargo, recordar que desde que se creó Internet ha evolucionado tanto que ahora no concebimos la vida sin él. De hecho, estoy bastante segura que las primeras palabras de cualquier niño que nazca en estas décadas son “Papá”, “Mamá” e “Internet”. Yo misma, en muchas de mis reflexiones, me pregunto qué sería de nosotros sin esta herramienta, cómo buscaríamos información para nuestros trabajos, cómo facilitaríamos nuestros procesos diarios y un largo etcétera de funciones que realizamos con su ayuda. Para mí, desde luego, es ya una amiga íntima. Sin embargo, a pesar de que encuentro tan solo connotaciones positivas acerca de Internet, no es todo tan bonito en su superficie. Nos fiamos demasiado rápido de las cosas que aparecen en nuestro buscador y no sabemos quién puede estar detrás de ello.


Recuerdo que en MTV emitían una serie-documental de lo más apropiada en estos tiempos que corren llamada “Catfish: Mentiras en la Red” y trataba, como su propio nombre indica, de la investigación de mentiras que corrían por la red, de timos y estafas y de cómo el equipo de investigación trataba de desmantelarlas obteniendo normalmente resultados positivos. Recuerdo también, qué tipo de mentiras eran, algunas incluso inocentes, mentiras que venían de manos de personas que encontraban un gran placer en engañar a otras con el fin de no sentirse solas, personas que fingían ser quienes no eran. Y se engañaba. Se engañaba al más iluso.
Entonces, viendo algún episodio suelto de esa serie en la que nos invitaban a tener más cuidado y ser más desconfiados sobre todo en la red, me acordé de una anécdota que me habían contado hace algún tiempo. Una chica buscaba trabajo y, como Internet es una gran plataforma donde todo se busca y todo se encuentra, decidió recurrir a ella. Y encontró bastantes ofertas. Como en la red nada es seguro, mandó correos a diferentes agentes que requerían sus servicios. Algunos de ellos contestaban y otros no. En particular, contestó una persona aparentemente feliz de haber recibido su correo y con toda la efusividad que mostró tener, le mandó de inmediato las condiciones y el contrato (que resultó ser tremendamente bueno, ¡qué casualidad!) sin tener ningún dato de la interesada y mucho menos lo necesario para cualquier oferta de trabajo, un currículum. Evidentemente, conociendo todos los desafíos de Internet y la incertidumbre de la misma, la chica no contestó e investigó acerca de la personas que le ofrecía el contrato. ¡Bingo! Ese ofertante estaba incluido en una lista de personas que estafaban en red.

(Fuente: www.farodevigo.es)

La moraleja de esta historia es doble, doblemente buena y doblemente mala. Por un lado, a la chica que buscaba trabajo podían haberle engañado por haber usado tan alegremente Internet y, por otro, usó tan alegremente Internet que encontró que el sujeto que le ofrecía trabajo era un criminal de la red.

Por supuesto, mi reflexión final fue que debemos tener cuidado en cómo usamos Internet, que claramente está establecida como una herramienta de ayuda, pero que en muchas ocasiones algunas personas se disfrazan y se esconden tras su pantalla engañando a personas que la usan de forma confiada para obtener siempre un beneficio. Sin embargo, estoy segura que no solo a esa chica ni a todos los que son víctimas en la serie de MTV  les han engañado alguna vez en Internet, y por ello, me pregunto, ¿es que somos demasiado confiados con lo que encontramos en la red?

Internet ha ido creciendo hasta convertirse en un gigante incontrolable y por ello, el único consejo válido es no fiarte ni de tu propia sombra virtual.

Ana Rodríguez 

jueves, 26 de marzo de 2015

Cuidado con lo que subes!!

Como todos sabemos, las redes sociales (en el ámbito web) son lugares en Internet donde puedes interactuar con otras personas, mostrar tus inquietudes, debatir, subir fotos... en definitiva, mostrar cómo es tu vida al resto del mundo.

Actualmente, es innegable la importancia de las redes sociales en nuestras vidas, sobre todo para el colectivo de los jóvenes, y más, después del desarrollo de los smartphones. Estas webs nos permiten mantener el contacto con amigos que quizá estén lejos, conocer gente nueva, informarnos de la actualidad y ,por supuesto, ofrecen mucho, mucho entretenimiento.

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Sin embargo, como todo, las redes sociales tienen también un lado negativo. Cada vez más, encontramos en las redes sociales, casos de acoso, burlas, discriminación... que muchas veces vienen dados por la aparición en la web de contenido sobre esa persona que sufrirá el acoso. Así, por ejemplo, tenemos el típico caso del novio/a despechado que sube una foto de su ex desnudo/a a facebook, sin, evidentemente, conocer las graves consecuencias que esto va a tener.

Por tanto, creo que para poder seguir disfrutando de nuestras queridas redes sociales, debemos pensar todo lo que escribamos y subamos, ya que, como se ha dicho muchas veces, una vez está en Internet, ya no nos pertenece.

martes, 24 de marzo de 2015

Conexión 24 horas

Entre los numerosos avances de las nuevas tecnologías el más destacado y el que ha provocado una gran revolución en los diversos ámbitos ha sido internet, sí esa red informática de la que hoy en día muchas personas dependen.  
Antes cuando no existía, las personas se dedicaban a realizar otro tipo de actividades como pasear, leer, hablar por teléfono o simplemente sentarse en un banco de un parque a pasar la tarde. Es cierto que hoy en día se siguen realizando este tipo de actividades pero en menor medida, cada vez se ven menos personas por el retiro sentadas en un banco leyendo un libro, ya que es más fácil verlas con un móvil, con el que pueden que estén leyendo algo, pero lo más seguro que sea una conversación de whatsapp.

La creación de internet al principio solo estaba al alcance de las personas más privilegiadas pero poco a poco se ha ido extendiendo entre las diferentes clases sociales, y actualmente es muy fácil estar conectado ya seas más rico o más pobre, seas grande o pequeño, todo el mundo lo utiliza. Con esto quiero destacar una frase que dijo Negroponte «en el año 2000 habrá más personas que dedicaran su tiempo libre a Internet que a ver lo que hoy llamamos «cadenas de televisión». Si nos paramos a pensarlo esto es cierto, cuando una persona tienen tiempo libre lo que hace es meterse en Internet para a lo mejor ver ropa, buscar un libro que quiera comprarse o directamente coge el móvil (en el cual tiene Internet) y abre las diversas aplicaciones que tiene, como el whatsapp. Esta es una aplicación que junto al desarrollo de la red informática, Internet, ha permitido que las personas estemos en continuo contacto algo que puede ser bueno y malo a la vez, en mi opinión. Puede ser bueno porque por ejemplo yo que tengo un grupo con mi familia, en la cual cada persona vive en una punta de España,  mi prima nos manda fotos de su hijo cada dos por tres para que veamos cómo va creciendo su hijo o también videos para que veamos cómo está aprendiendo a andar.

Sin embargo, este continuo contacto puede tener malas consecuencias, el ejemplo más claro es cuando mandamos un mensaje y no nos contestan o nos ignoran. Sinceramente, hoy en día damos demasiada importancia a este hecho, pero antes, en la época en la que se comunicaban a través de cartas podían tardar meses en contestar y la gente no se enfadaba. Hoy en día, nos enfadamos si no nos contestan a los 5 minutos y vemos que su última conexión ha sido después de haberle mandado el mensaje, nos corre por dentro una sensación de enfado porque nos han ignorado, no nos paramos a pensar que a lo mejor no nos han podido contestar. Pero no está aquí el verdadero problema, sino que con las innovaciones de esta aplicación, ahora se puede saber si te han leído el mensaje o no con los ticks azules. Esos que en mi opinión van a acabar provocando muchos problemas, principalmente en las relaciones de pareja. Tengo una amiga que por todo esto se plantea desinstalarse el whatsapp porque dice que está harta, que se producen numerosos malentendidos, en el sentido de que ella puede estar contando una cosa en broma y la otra persona no lo interpreta así y se enfade, o por ejemplo que ella cuente algo muy importante y la otra persona la ignore por eso ella me ha dicho en numerosas ocasiones “tía me voy a quitar el whatsapp es lo peor, si la gente quiere saber algo de mí que me llamen”. Esto es cierto, con tanta aplicación, tanto mensaje etc. Nos hemos olvidado de que los móviles llaman, algo que ya comente en mi anterior publicación.
No digo que todo el mundo hoy en día solo se comunique de esta manera a través de Internet, porque una amiga de la universidad que dice que le gusta escribir de vez en cuando se manda cartas con sus padres porque dice que ahí expresa mejor lo que les quiere decir, mejor que en un simple mensaje de whatsapp. Además las personas que no tienen Internet en el móvil, o en cualquier aparato electrónico, se siguen comunicando a través del teleféfono, mi abuela por ejemplo, me llama todos los días para ver que tal me ha ido el día. Y a ella sinceramente la hace más ilusión eso a que le mande un mensaje, porque dice que así escucha mi voz. Muchos pensaréis, que puedo mandarle notas de voz, pero… mi abuela no tiene móvil.
Con todo esto me refiero a que hemos cambiado las conversaciones de horas al teléfono por estar las 24 horas hablando con una persona, sea quien sea, esto está genial porque yo a mis amigas en cuanto me pasa algo, bueno o malo se lo cuento en cuanto sucede gracias a la instantaneidad de los mensajes, pero también en mi opinión al estar todo el tiempo conectados entre nosotros podemos plantearnos que quizás nos vemos menos, físicamente, con las personas de nuestro alrededor.

lunes, 23 de marzo de 2015

'But first let me take a selfie'

Desde que las nuevas tecnologías irrumpieron definitivamente en nuestras vidas las han cambiado mucho. No sólo que ahora usemos los ordenadores diariamente, estemos siempre conectados, usemos alguna máquina para prácticamente todas nuestras actividades diarias...; a lo que me estoy refiriendo ahora más bien es a los cambios que han hecho en nosotros y que no se ven, esos que van por debajo de la piel y llegan mucho más profundo.

El mismo impulso que te hace sacar la calculadora del móvil para comprobar que sí, menos mal, 1+1 siguen siendo 2; ¿no será el mismo que te lleva a sacar el móvil en medio de una fiesta para sacar una foto en vez de sólo pensar en bailar y pasártelo bien? ¿O a decirle a todo el mundo que te dispones a salir a correr y hasta la marca de tus zapatillas?Y ya no digamos si al final no te rajas y corres de verdad.

A lo que me refiero es que las nuevas tecnologías nos han traído nuevas formas de hacer las cosas, de enfocarlo todo, de relacionarnos; y sobre todo han creado el impulso de adaptarnos a ellas. Es una nueva forma de comportarse tanto en privado como en público, la revolución más silenciosa de todas las que han traído las máquinas. Mis abuelos, o mis padres, no entienden que cuando salgamos llevemos todos el móvil y lo estemos mirando constantemente. "Si ya estás con tus amigos, ¿por qué os vais a poner a hablar con otros mientras?¿Cuando veas a los otros te pondrás a hablar con los de hoy?" ¿Por qué no disfrutar de la gente que tienes al lado, y no al otro lado pero de una pantalla?




  Sólo es un ejemplo, podría poner mil más. Seguramente de la mayoría ni nos hayamos dado cuenta, pero cuando tu amigo te dedica una entrada en su muro, ¿a qué clase de borde se le ocurriría no darle ni un Me Gusta?, o ¿cómo vas a pasarte una larguísima tarde estudiando sin pasar una foto por Snapchat con cara de sufrimiento y tus gafas de marca que se vean bien en primera plana? O cuántas parejas se han peleado porque uno subió una foto de los dos y el otro no la retuiteó pero en cambio para dar favorito a otra chica sí tuvo tiempo; o cuántas que empezaron con un mensaje privado por alguna red social, o no sé. Son las reglas no escritas de las relaciones actuales, las que nadie ha dicho en alto nunca pero todos conocemos, que prácticamente hemos aprendido según crecíamos igual que aprendíamos a sumar y restar. Y ahora mismo a sumar 1+1 puede que necesitemos ayuda pero sobre esto no tenemos nunca ni una duda, eso seguro.




Las nuevas tecnologías no son sólo que ahora dispongas de más medios, sino más que nada que los hagas tuyos, que los incluyas en tu día a día con los efectos que eso tenga. Hoy en día es ya una realidad, ahora sólo queda seguir descubriendo más consecuencias inesperadas de las nuevas tecnologías.

¿O es que alguien esperaba que algún día pudiéramos plantearnos siquiera ponernos a compartir con amigos selfies a 500 metros de altura?

sábado, 21 de marzo de 2015

¡Desacelérate!

Personalmente, la velocidad que caracteriza la época en la que vivimos me agobia. Ya no sólo en el día a día o el empeño que parece tener el mundo por hacernos ver que cada minuto que no empleemos en formarnos es un minuto desperdiciado, también las autopistas de información que nos bombardean a cada instante. Dicen que la rapidez puede ser una virtud, si no generara prisas.

Para mi desconocimiento, hace unos días escuchaba hablar en la radio del “movimiento slow”.  Para los que como yo, no habíais oído hablar de él, se trata de una filosofía de vida que se lleva a la práctica en diferentes ámbitos sociales (slow food, slow work). El movimiento nace como respuesta a estos tiempos acelerados, aunque sitúan su génesis en el año 1986 (ver historia aquí) y pretende “dar herramienta a los individuos para que sus existencias no sean una mera sucesión de escenarios encadenados, desprovistos de emociones”. 


A mí particularmente, la idea me fascinó. Decía Gandhi que “en la vida hay algo más importante que incrementar su velocidad”. ¡Cuánta razón! Bajo estos preceptos se une la comunidad slow, cambiando el aspecto negativo que se le asocia al término “lentitud” y apostando por él para una vida “más plena y desacelerada”.


Aquí os dejo el vídeo realizado por la UNED en su programa "SLOW: una nueva cultura del tiempo" donde hablan del movimiento y, a continuación, enlaces de las páginas oficiales del mismo, dónde podéis echar un vistazo y ver de qué va:




miércoles, 18 de marzo de 2015

Condenando a la cultura

Si hay algo que diferencia al ser humano del resto de los seres vivos que hay en la faz de la tierra es la capacidad que tenemos de articular palabras, de reflexionar  sobre conocimientos,  de comunicar ideas, de recordar lo pasado, en definitiva lo que significa nuestra racionalidad, nuestra cultura y nuestro lenguaje. Por lo tanto, si de algo no nos podemos despojar, ni desprendernos de ello, ni mucho menos ningunear, es precisamente de estas palabras en mayúsculas, CULTURA y LENGUAJE. Estas son precisamente las bases de la razón humana y lo inherente a la humanidad.

Por todos son sabidas las más que manidas “bondades” que nos venden sobre las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (la globalización,  los flujos de información y comunicación abundantes, incesantes y directos, interconexiones en red, etc.) de una forma desinteresada en aras de una sociedad global más igualitaria y más próspera. ¿Más próspera para quién?, es a lo que deberían de responder esos “desinteresados vendedores” y lo que se preguntan  aquellos entendidos que creen que es un arma de dominación.

Pero dejando atrás temas excesivamente farragosos y con demasiado calado para este tipo de artículos, centrémonos en estragos más mundanos que provocan las nuevas tecnologías y a los que hace referencia el título; la condena del lenguaje. Las nuevas tecnologías debido a su propia concepción premian la instantaneidad, la velocidad, la simplificación, la reducción, la rentabilidad, la productividad, “menos es más”, etc. y bajo esta lógica mercantil el lenguaje está destinado a una condena perpetua llena de denigrantes atrocidades, llegando a exprimir el último gajo de un lenguaje moribundo.


Un claro ejemplo de este asesinato al lenguaje y a la cultura son los métodos que utilizan algunas redes sociales como puede ser Twitter con la regla de los 140 caracteres. Así lo que fomentamos es una sociedad con una actitud simplista ante la vida, con unos pensamientos y unos conocimientos bastante básicos, sin lugar para la reflexión y la deliberación y con una gran mayoría de neófitos en temas culturales; encaminándonos a una triste sociedad de informados-iletrados. Lo cual es decepcionante, aún más en la época en la que la cultura está al alcance de casi todos.

lunes, 16 de marzo de 2015

Selfies desde el vientre materno

Me asusta cómo los niños controlan cada ordenador, cada móvil, en fin, cada dispositivo, es como si hubiesen nacido con ellos debajo del brazo. Hace unos cuantos meses, fui a visitar a mis primos, con los que me llevo unos once años, y decidí llevarles un detalle a modo de agradecimiento por su invitación. Les llevé un juego de cartas temáticas para cada uno, para él, con unos dinosaurios espeluznantes y para ella, las ya conocidas entre las niñas de esa edad, las Monster High. En definitiva, era aquel regalo que hubiese deseado de pequeña que me trajeran si venían a mi casa, para jugar al juego de las familias entre muchos otros. Lo abrieron con mucho entusiasmo y una cara de felicidad tremenda (sospecho que por el tamaño imaginaban un móvil) y su semblante, para mi sorpresa, no cambió en absoluto, es más, se pusieron contentos y a jugar con ellas inmediatamente. Os podéis imaginar, aquello se había constituido para mí como un triunfo, había dado en el blanco. Pero la cosa cambió, a los cinco minutos (exactamente lo que les costó comprender que no sabían cómo jugar con aquello) guardaron la baraja y cogieron cada uno su tablet y, por supuesto, estuvieron jugando con ella más tiempo que con las cartas.

En absoluto me sorprendió, mis primos no son los únicos que prefieren las tablet y cualquier otro dispositivo electrónico a algún juguete que puedas tocar y jugar, así como imaginar historias fascinantes con él. Un poco alicaída, le pregunté a mi prima algo que desde luego no debería haber hecho pero que por supuesto me ha servido de inspiración para escribir este artículo: “¿te han gustado las cartas?” a lo que, ni corta ni perezosa y motivada por el desconocimiento de que era yo quien se las había regalado, o la excesiva sinceridad de los niños, o quizá un poco de ambas, me respondió que “si, me han gustado, pero prefiero la tablet”. Me lo imaginaba. Además, me recomendó que para su cumple tuviese mejor acierto y que, desde luego, quería un móvil. Esta petición me dejó algo asustada. Yo con ocho años el único móvil que quería era el que tenía caramelos dentro de él.

Regresé a casa reflexionando en todo aquello, en cómo la infancia en apenas la última década ha evolucionado, en cómo los niños saben perfectamente qué hacer con cualquier dispositivo que les pongas delante (cosas que os aseguro ni yo he aprendido aún) pero no saben cómo se juega a un juego que implique la mímica, o cómo con dos muñecos puedes idear una historia distinta cada día.
Quizá esté haciéndome mayor con demasiada lentitud como para asimilar lo rápido que cambian nuestros tiempos, pero cada vez se me hace más raro ver a niños en su más tierna infancia utilizando juguetes convencionales y no utilizando ningún aparato electrónico. No es que me entristezca, simplemente acepto que es el ritmo que esta nueva sociedad debe tomar, pero me hace reflexionar en cómo los muñecos de bebé y los dinosaurios se están sustituyendo por muñecos de bebé y dinosaurios atrapados en una pantalla que realizan más acciones que las que hacían mis juguetes. Me asombra ver cómo mi prima saca mejores selfies que yo y sabe retocarlas y pasarlas por WhatsApp a todo aquel que le interesa, ver cómo busca vídeos en Internet de canciones de alguna película de Disney, ver cómo controla el ordenador mejor de lo que yo lo hago. Si generaciones que nos anteceden pensaban que nosotros sabríamos controlar todo lo relacionado con la electrónica, ¿qué será de las generaciones futuras? Desde luego, estoy segura que podrán sacarse selfies desde el vientre materno.



En cierto modo, agradezco la sinceridad de mi prima y su inconsciente invitación a reflexionar, y desde aquí le anticipo que puede que en los próximos regalos tenga mejor destreza para elegir, pero que intentaré regalarle algo con lo que pueda despertar la imaginación infantil. 

Ana Rodríguez. 

(Fuente: Revista Ella Hoy)

sábado, 14 de marzo de 2015

Ya lo he visto en la tele

Hace cuatro veranos (si los cálculos no me fallan) nos fuimos de vacaciones a la playa y nos llevamos a mi prima pequeña, que entonces tenía 5 y que no conocía el mar. Mientras íbamos en el coche hacia Elche, hacía memoria de mis primeros recuerdos en el mar. Me vino a la cabeza mi madre, jovencísima, con un bañador negro liso, agarrándome de la mano para entrar al agua. Recuerdo cómo me subía encima suyo para que no me tirasen las olas y cómo odiaba cuando estas rompían y me obligaban a bucear. También recuerdo el picor en los ojos o lo extraño que me parecía el sonido que hacía el mar cuando me sumergía. Recuerdo mañanas y tardes recogiendo conchas vacías en la orilla con mi hermana. Me apasionaba el mar, yo no era muy aficionada a los castillos o a tomar el sol cómo lagartos. Pero en el mar sí, en el mar me podía pasar las horas. Era la rutina mañanera en la playa de Los Arenales del Sol. Nada más pisar la arena, mi hermana pequeña y yo, tirábamos todo al suelo y corríamos como locas a bañarnos en el agua salada. Me viene a la cabeza mi madre echándonos agua por la cabeza constantemente para que no nos diera una insolación o cómo salíamos a mojar a mi padre para que se bañara con nosotras. Entre un recuerdo y otro se despertó mi prima, que por suerte llevaba dormida las tres horas de viaje. Entonces le pregunté si tenía ganas de llegar y ver el mar… Para mi sorpresa, ella me respondió con un “pero prima, si ya lo he visto en la tele”.

Unos años después, nos subíamos a un avión por primera vez, con destino a Londres. Entonces fui yo la que me sorprendí a mí misma al llegar al Big Ben y pensar “no es para tanto, parecía más espectacular en las fotos”. Supongo que ni mi prima, ni yo, fuimos las primeras en tener esa sensación de decepción al ver el objeto real y la distancia (en el mal sentido de la palabra) con sus representaciones. El acercamiento y la globalización que han provocado las nuevas tecnologías parecen habernos quitado la capacidad de sorprendernos, la sensación de lo novedoso. Me entristece pensar que podamos llegar a perderlas.

jueves, 12 de marzo de 2015

Tecnologías estrella

Hace unas semanas, se celebró en Los Ángeles la gala de los Oscar, los premios más prestigiosos del cine. Aunque había películas de gran nivel y actores a la altura de ellas, finalmente una de las más premiadas, y eso incluye el Oscar a Mejor Actor para su protagonista, fue La teoría del todo.


Esta película trata sobre la vida de un personaje mucho más conocido que como simple personaje principal del film. No es otro que Stephen Hawking, reputado profesor y genio de la astronomía. Además de incapacitado prácticamente desde su juventud por una enfermedad que lo ha postrado en una silla de ruedas y unido de por vida a un ordenador.

Os preguntaréis que podrá tener que ver una gala de premios de cine y todo su "famoseo" con las nuevas tecnologías. O bueno, puede que os lo preguntarais al principio, y que al ver la palabra “ordenador” hayáis comenzado a ver por dónde voy.

Las nuevas tecnologías al final, como creación humana que son, han heredado esa característica nuestra de tener una parte mala y otra buena. De la mala… ¿habrá que repetirla en serio? Que crean adicción, dependencia, no han cumplido las expectativas de igualar a la humanidad sino que la han dividido entre los que tienen acceso a ellas y los que no, han cambiado de arriba a abajo las relaciones humanas, y relegado todo lo artesanal, lo hecho a mano; entre mil aspectos negativos más. Sin embargo, como creo que todos nos hemos dado cuenta ya de eso aunque las sigamos usando como maníacos, ahora quisiera centrarme en este detalle: en por qué creo que de hecho claro que deberíamos seguirlas usando, y además ya siendo conscientes de que no somos tan listos como creíamos o por lo menos que hay que tener cuidado de cuando la utilidad se vuelve obsesión.

Volvamos a esa gala de los Oscars con sus vestidos y sus joyas y su alfombra roja… bueno, y volvamos aún antes, a esa película de la que os hablaba, y más antes todavía, a ese profesor en el que se basó. ¿Cómo podrá ser la vida de una persona que ha recibido a la vez la gran suerte de poseer una de las mentes más prodigiosas de la historia y una enfermedad tan cruel? Y sobre todo, la pregunta que quiero plantearos… ¿cómo podría haber sido, y no sólo su vida sino la de todos los que nos hemos beneficiado de su conocimiento, si no existiera un ordenador capaz de permitirle sacar ese saber de su cabeza y contárnoslo a los demás?


Las nuevas tecnologías han causado muchos cerebros de mosquito, desde luego. Gente que no es capaz de vivir sin su móvil y su ordenador y su televisión y sus mil cosas más. Pero sólo quiero que le dediquéis un segundo a pensar en todas esas personas a las que los ordenadores y el desarrollo tecnológico en general les ha cambiado la vida, o directamente les ha permitido vivirla. No es la única cosa buena de las nuevas tecnologías, igual que tampoco he hablado de todas las malas, pero creo que es una realmente poderosa y que debemos tener muy en cuenta a la hora de criticar o defender las nuevas tecnologías.

Y bueno, por último y ya que la tecnología ha avanzado mucho y precisamente espero haberos hecho ver que aún será bueno que siga avanzando más; todavía no ha llegado al nivel de dejar comentarios positivos… así que podéis demostrar lo independientes que sois de las máquinas dejándolo vosotros mismos.