sábado, 28 de marzo de 2015

Mentiras en la red

De vez en cuando me gusta reflexionar acerca de diversos temas que nos rodean y que cada vez están más presentes en nuestras vidas, para bien, o para mal. El otro día, a propósito de estar buscando un tema para el que escribir mi siguiente artículo y gracias a ver por casualidad una serie, me vino a la cabeza un tema tan amplio que asusta: Internet. Quisiera reflexionar acerca del uso que damos a esa maravillosa herramienta y, sobre todo, el que le dan otras personas.

Es preciso, sin embargo, recordar que desde que se creó Internet ha evolucionado tanto que ahora no concebimos la vida sin él. De hecho, estoy bastante segura que las primeras palabras de cualquier niño que nazca en estas décadas son “Papá”, “Mamá” e “Internet”. Yo misma, en muchas de mis reflexiones, me pregunto qué sería de nosotros sin esta herramienta, cómo buscaríamos información para nuestros trabajos, cómo facilitaríamos nuestros procesos diarios y un largo etcétera de funciones que realizamos con su ayuda. Para mí, desde luego, es ya una amiga íntima. Sin embargo, a pesar de que encuentro tan solo connotaciones positivas acerca de Internet, no es todo tan bonito en su superficie. Nos fiamos demasiado rápido de las cosas que aparecen en nuestro buscador y no sabemos quién puede estar detrás de ello.


Recuerdo que en MTV emitían una serie-documental de lo más apropiada en estos tiempos que corren llamada “Catfish: Mentiras en la Red” y trataba, como su propio nombre indica, de la investigación de mentiras que corrían por la red, de timos y estafas y de cómo el equipo de investigación trataba de desmantelarlas obteniendo normalmente resultados positivos. Recuerdo también, qué tipo de mentiras eran, algunas incluso inocentes, mentiras que venían de manos de personas que encontraban un gran placer en engañar a otras con el fin de no sentirse solas, personas que fingían ser quienes no eran. Y se engañaba. Se engañaba al más iluso.
Entonces, viendo algún episodio suelto de esa serie en la que nos invitaban a tener más cuidado y ser más desconfiados sobre todo en la red, me acordé de una anécdota que me habían contado hace algún tiempo. Una chica buscaba trabajo y, como Internet es una gran plataforma donde todo se busca y todo se encuentra, decidió recurrir a ella. Y encontró bastantes ofertas. Como en la red nada es seguro, mandó correos a diferentes agentes que requerían sus servicios. Algunos de ellos contestaban y otros no. En particular, contestó una persona aparentemente feliz de haber recibido su correo y con toda la efusividad que mostró tener, le mandó de inmediato las condiciones y el contrato (que resultó ser tremendamente bueno, ¡qué casualidad!) sin tener ningún dato de la interesada y mucho menos lo necesario para cualquier oferta de trabajo, un currículum. Evidentemente, conociendo todos los desafíos de Internet y la incertidumbre de la misma, la chica no contestó e investigó acerca de la personas que le ofrecía el contrato. ¡Bingo! Ese ofertante estaba incluido en una lista de personas que estafaban en red.

(Fuente: www.farodevigo.es)

La moraleja de esta historia es doble, doblemente buena y doblemente mala. Por un lado, a la chica que buscaba trabajo podían haberle engañado por haber usado tan alegremente Internet y, por otro, usó tan alegremente Internet que encontró que el sujeto que le ofrecía trabajo era un criminal de la red.

Por supuesto, mi reflexión final fue que debemos tener cuidado en cómo usamos Internet, que claramente está establecida como una herramienta de ayuda, pero que en muchas ocasiones algunas personas se disfrazan y se esconden tras su pantalla engañando a personas que la usan de forma confiada para obtener siempre un beneficio. Sin embargo, estoy segura que no solo a esa chica ni a todos los que son víctimas en la serie de MTV  les han engañado alguna vez en Internet, y por ello, me pregunto, ¿es que somos demasiado confiados con lo que encontramos en la red?

Internet ha ido creciendo hasta convertirse en un gigante incontrolable y por ello, el único consejo válido es no fiarte ni de tu propia sombra virtual.

Ana Rodríguez 

4 comentarios:

  1. La última frase recoge a la perfección la situación actual de Internet. En los primeros años de auge de esta herramienta, era casi impensable desconfiar de ella, quizá porque aún no se habían descubierto todas las posibilidades que podía ofrecer. Hoy en día, no hace falta ni salir de casa para hacer la compra. Ésta es solo una de esas facilidades cotidianas que Internet nos proporciona, y es entre ellas donde algunas personas han visto su oportunidad para beneficiarse, a costa de que perdamos la confianza en su manejo. Por ejemplo, yo misma el otro día encontré un vestido que me encantó en una web aparentemente fiable, pero ¿Quién sabe si en realidad me van a mandar una caja con lápices de colores?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No podrías tener más razón. Internet es una gran herramienta que sirve de mucha ayuda, pero hay, como dices, personas que en ocasiones la utilizan con el fin de beneficiarse. Por supuesto, yo que tú compraría ese vestido en una tienda convencional, aunque los lápices de colores nunca pasan de moda.

      Eliminar
  2. Gran reflexión Ana. Efectivamente creo que nos confiamos en exceso de las informaciones que vienen de la red, sin tener en cuenta de dónde ni de quién provienen. En numerosas ocasiones dejamos en manos de Internet algunos aspectos importantes de nuestra vida, como la búsqueda de trabajo, casa o pareja, olvidándonos de que detrás de ello puede haber una gran mentira que nos puede costar muy caro.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estoy totalmente de acuerdo contigo. A veces deberíamos pararnos a pensar hasta qué punto es fiable todo lo que buscamos. Eso sí, tampoco nos volvamos locos. Muchas gracias por tu aportación, Alba.

      Eliminar