sábado, 21 de marzo de 2015

¡Desacelérate!

Personalmente, la velocidad que caracteriza la época en la que vivimos me agobia. Ya no sólo en el día a día o el empeño que parece tener el mundo por hacernos ver que cada minuto que no empleemos en formarnos es un minuto desperdiciado, también las autopistas de información que nos bombardean a cada instante. Dicen que la rapidez puede ser una virtud, si no generara prisas.

Para mi desconocimiento, hace unos días escuchaba hablar en la radio del “movimiento slow”.  Para los que como yo, no habíais oído hablar de él, se trata de una filosofía de vida que se lleva a la práctica en diferentes ámbitos sociales (slow food, slow work). El movimiento nace como respuesta a estos tiempos acelerados, aunque sitúan su génesis en el año 1986 (ver historia aquí) y pretende “dar herramienta a los individuos para que sus existencias no sean una mera sucesión de escenarios encadenados, desprovistos de emociones”. 


A mí particularmente, la idea me fascinó. Decía Gandhi que “en la vida hay algo más importante que incrementar su velocidad”. ¡Cuánta razón! Bajo estos preceptos se une la comunidad slow, cambiando el aspecto negativo que se le asocia al término “lentitud” y apostando por él para una vida “más plena y desacelerada”.


Aquí os dejo el vídeo realizado por la UNED en su programa "SLOW: una nueva cultura del tiempo" donde hablan del movimiento y, a continuación, enlaces de las páginas oficiales del mismo, dónde podéis echar un vistazo y ver de qué va:




4 comentarios:

  1. Muy cierto, al final lo importante es no pararse y no la velocidad en la que uno se mueve. Más de uno debería tenerlo en cuenta en su vida diaria.

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    1. Verás en unos meses, cuando te des cuenta de que has dejado a un lado el ritmo canario y te has vuelto un madrileño acelerado más.

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  2. A más velocidad, menos reflexión.
    Hoy en día, parece que a la hora de resolver problemas, cuenta más la inmediatez, que un pausado análisis que nos permita buscar la solución mejor...

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    1. Lo cierto es que el análisis cuando no es inmediato no interesa, aunque esté demostrado que un análisis de un hecho que se mantiene en el tiempo no puede ser nunca mejor que uno pausado, reposado. Es una realidad del día a día en el periodismo actual.

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