Hace no mucho tiempo, leí la historia de un hombre que se comprometió a
vivir un año entero sin conexión a Internet con todas las consecuencias que
ello implicaba porque, según el mismo creía, la red lo desconectaba de la
realidad del mundo. Una vez más, este tipo de historias me invitan a
reflexionar y, consciente de que es el último artículo que voy a publicar en
este blog, decidí hacer una reflexión acerca de las nuevas tecnologías, en el
más amplio de los sentidos.
A mí misma me cuesta imaginar un mundo donde las nuevas tecnologías no
estén presentes, me cuesta imaginar un siglo XXI sin televisión, sin cine en
tres dimensiones, sin ordenadores, sin Internet. Pero lo cierto es que estoy
convencida que no soy la única persona de este planeta que piensa algo
parecido. Ahondando más en mi imaginación y en mis pensamientos, imaginé a una
persona que usase hasta tal extremo las posibilidades que ofrecen las nuevas
tecnologías que viven junto con nosotros que se convirtiese en un ermitaño digital.
Imagino que ese ermitaño solo
necesitaría un teléfono móvil al lado de su cama cuando fuese a dormir, para
estar seguro que el mismo le despertaría
a la hora que desease a la mañana
siguiente. Una vez despierto, mientras desayuna, seguiría siendo solo necesario
el teléfono móvil para leer el periódico en versión digital o, si quiere ser
más rápido, entrar en Twitter y leer fugazmente los titulares. También podría
consultar el periódico en edición impresa sin siquiera salir de casa para
comprarlo, tan solo con adquirir la versión para la tablet u otro dispositivo móvil
podría disponer de ella, además, las hojas del periódico no se le mancharían
con las gotas del café matutino. Si nuestro ermitaño es perezoso y no quiere
leer, no hay problema, con presionar el botón de encendido de la televisión y
volver a presionar para poner el canal de noticias de 24 horas, se entera de
las mismas noticias. Incluso puede encender la radio. ¿No es ideal? ¡El
ermitaño está en el mundo sin siquiera salir de casa!
Pero no lo son todo las noticias, el
ermitaño también tiene que alimentarse y
abastecerse cuando se le acaben los alimentos. No, no hace falta salir de casa.
Con solo meterse en Internet en la página de su supermercado favorito, puede
hacer la compra, pagar y, ¡encima se lo llevan a casa!
También puede realizar
transacciones bancarias por Internet, ponerse en contacto con diversas
personas, tener amigos en Hawái si desease, incluso viajar, solo basta con ver
fotos en Internet o poner algún canal absurdo de viajes, y ya está. El ermitaño
podría leer si quisiese sin ir a la biblioteca, e ir al cine si desea ser un
pirata virtual porque, las nuevas tecnologías también se lo ofrecen y las
posibilidades están por encima de la ética.
El ermitaño no necesitaría salir de
casa para conocer personas, ni para ligar, de hecho, existen tal cantidad de
páginas donde puedes tener citas, que podría lisonjear con distintas personas a
la vez. ¿No es el ermitaño el rey de este mundo?
Nuestro querido ermitaño, puede
pasar un día entero (y años) encerrado
en casa y hacer las mismas acciones que se hacen en la calle, en el mundo, pero
él las hace desde su hogar y si quisiera en pijama. Cuando se va a acostar, no
necesita nada más que el teléfono móvil al lado de su cama para estar seguro
que el mismo le despertará. Y comienza de nuevo. El ermitaño digital se ha
convertido en el gran monje de la ermita de las tecnologías.

Las nuevas tecnologías nos
facilitan los procesos diarios y nos sirven de ayuda en muchas ocasiones, de entretención,
de ventana para escapar de la realidad mundana. Pero yo sigo pensando que hay
que adaptar los cambios a la vida que ha existido desde que el hombre es
hombre. La vida que nos toca vivir en estos tiempos es una realidad rodeada de
tecnologías, pero también es una vida alejada de ellas. La clave del éxito en esta
nueva realidad es seguir saliendo a la calle y viviendo experiencias y ayudarte
de las nuevas tecnologías cuando es preciso. No quiero que el mundo termine
siendo un hábitat de ermitaños digitales y que las personas que viven
compaginando la realidad con las tecnologías sea una especie en peligro de extinción.
Ana Rodríguez
Acabamos de llegar de vacaciones y hemos estado 9 días sin radio, internet ni tv y ¡ha sido maravilloso! hemos paseado, ido a la playa, lagos, tiendas, museos y hemos disfrutado de la familia. Nuestra rutina era maravillosa, hemos leído, echo punto, hablado durante horas de día y de noche...
ResponderEliminarDesgraciadamente ayer volvimos a la realidad y....hoy he mirado unas 10 veces facebook, unas 5 mi hotmail, 1 hora el pc y 1 hora la tv. Creo que debería irme de nuevo de vacaciones porque tendría más tiempo para mi familia.
El truco está en la combinación de la vida online y la offline. Ni un extremo ni el otro, se trata de sacar lo mejor de ambos estilos de vida.
EliminarA veces, como bien dices, es bueno y oportuno desconectar de un mundo al que vivimos cada día más apegados. Es importante recordar que no todo se encuentra en la tecnología, sino que ésta es solo una herramienta más que nos ayuda en nuestro día a día. Como trato de expresar, hay que seguir haciendo aquellas cosas que corten el cable al que vivimos conectados, aunque solo sea de vez en cuando, así que te felicito por hacer todas las cosas que citas y te animo a que sigas haciéndolas. Por supuesto, no queremos convertirnos en ermitaños digitales. ¡Muchas gracias por tu aportación!
EliminarEstá en nosotros usar las tecnologías como una ayuda y no depender de ellas hasta convertirnos en ermitaños digitales!! Felicitaciones, Ana, una gran reflexión!!
ResponderEliminar¡Muchas gracias! Estoy de acuerdo contigo, debemos utilizarla como una herramienta de ayuda más y nunca dejar que sea un ente del que dependamos.
EliminarComo si se tratase de una ecuación, siglo XXI = tecnología. Eso es así. Pero ello no implica que se tenga que dejar de lado todo lo que el ser humano ha ido logrado durante estos 3850 millones de años (desde que apareció la primera célula). Es pura evolución, la tecnología ha surgido de ella, del desarrollo de la mente humana, para facilitar en gran medida nuestra existencia. Sin duda ha contribuido a grandes logros que hace un tiempo eran impensables: desplazamientos en tiempo récord entre dos puntos lejanos de la tierra, construcción de superficies para albergar a la creciente población mundial, creación de nuevos fármacos o vacunas contra enfermedades con alta tasa de mortalidad, y un largo etcétera. La esencia de todo ello es la misma, y se resume en "avance de la sociedad". Pero ¡Ojo! no debemos convertirnos en ese ermitaño digital que tan bien describes, aunque la tecnología nos proporcione tantas facilidades, debemos conservar la esencia humana que nos ha traído hasta aquí y saber compaginar ambos “mundos” porque si no corremos el riesgo de convertirnos en tecnología.
ResponderEliminarNo podría quitarte la razón en nada. Como bien dices, la tecnología ha surgido del desarrollo de la mente humana y, por supuesto, no podemos acabar siendo dominados por ella solo porque nos proporcione comodidad. Hay que saber discernir y extraer lo mejor de, como dices, ambos mundos. Muchas gracias por la aportación.
EliminarEl ermitaño digital es la versión "humana" del cangrejo ermitaño. No duden de mi cordura; si les cuesta creerme, obsérvenle:
ResponderEliminarEl susodicho ermitaño digital es capaz de cargar con su abstracto hogar allá donde vaya, pese a que este lastre frene su avance. Además, se niega a utilizar las herramientas de desplazamiento que se le han aportado para dirigirse adelante, sino para, pese a caminar hacia los lados, mantenerse a la misma altura de la playa.
La fuga de la aparente comodidad de este pintoresco monje reside en su empeño en edificar retirando los ladrillos; pretende alcanzar su horizonte vital rehuyendo del mismo, como bien afirma Ana. Es decir, cae en la paradoja de querer dar sentido a su existencia utilizando su existencia para huir de la misma. Por eso tiene la sensación de que nada cambia pese a que los años pasen.
Lo que muchos llaman Internet, para él es solo una araña en cuyas cálidas y cómodas redes se ve relajadamente atrapado. Hasta que la araña esté hambrienta, claro. Mientras tanto, prefiere el tacto de este aparente terciopelo al del velcro del mundo palpable, olvidando que el modo de empleo más efectivo es la combinación de ambos.
"La tecnología nos acerca a los más lejanos y nos aleja de los más cercanos."
Creo que la frase final sentencia todo lo que he querido expresar en esta entrada. De hecho, creo que tu mismo lo has expresado mejor de lo que yo he podido hacer y, en efecto, no me equivoco. Como bien dices, caer en la vil tentación de ser ermitaño sería la perdición puesto que serlo no es más que una paradoja vital, tratando de hallar el sentido en un lugar que carece de él. Gran aportación y escrito, muchas gracias.
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